domingo, 29 de marzo de 2009

LECTURA POÉTICA


Cinco alumnos de quinto curso de Filología Hispánica –con expedientes académicos variopintos- organizaron, financiados por el Ayuntamiento, unas jornadas poéticas. "Los Viernes de La Kurda" las llamaron. “Viernes” por el día en que tenían lugar las lecturas –evidente deducción-, y “La Kurda” en referencia/deferencia al lugar donde decidieron celebrar el evento.

-¿Y por qué no se programan los recitales en el salón de actos o en la biblioteca? –preguntó con toda su buena fe –y grandes dosis de ingenuidad- don Fernando María de la Calle, el Decano de la Facultad.

-Porque queremos sacar la poesía de su hábitat natural, para llevarla a los bares. Queremos que la poesía se zambulla en lo cotidiano, en la realidad de los días que vivimos –respondió Jesús Rodríguez, uno de los organizadores del evento, con agilidad, a toda velocidad.

La Kurda es el local de reunión de todos los escritores –poetas y narradores-, ensayistas, críticos en ciernes y seudointelectuales literarios de la ciudad. La Kurda es un intento de café-bar tertuliano; una copia a lo paleto del café de La Colmena –sin suizo ni café de recuelo. Con mesitas de tablero imitación a mármol y sillas a lo director de cine, las paredes del establecimiento están cubiertas con fotografías de Pessoa, Carver y  Kerouac, y hasta algún jovenzuelo –rebelde o/y disconforme- imita en las esquinas las posturas Zen leídas en amarillentos libros comprados en la Feria de Libro Antiguo.

Los cinco alumnos de quinto de Hispánica invitaron, pagando –indiscutiblemente-, hotel más viaje más lectura más cena más copitas, total quinientos euros de nada, a media docena de poetas poco conocidos, de los llamados malditos –o poetas de culto, que es una expresión que cobija mucho-. O sea: poetas pedigüeños, canuteros, casi anónimos, insumisos por vocación, rojos, comunistas con carné, tres de ellos recién salidos del armario, plantel fijo de revistas de poco crédito, revistas de fotocopias grapadas –aunque revistas de culto-, poetas sin agente, sin editorial, casi sin poemas, pero poetas malditos a fin de cuentas.

Al primer viernes –de la Kurda- invitaron a la concejala de cultura, María de los Dolores Cantueso, a modo de agradecimiento por el dinero aportado –qué menos-. La concejala, gorda, equina, fea –al cuadrado, y hasta al cubo-, vieja desde los veinte años, de permanente y gafas de concha, pero de concha de tortuga caribeña, le pidió a la documentalista municipal que le redactase unas palabritas y un perfil biográfico del poeta a presentar: James Birbbendi. La documentalista, pulcra en su trabajo, preguntó a los periodistas locales, en todas las editoriales, a otros poetas de la ciudad; en fin, removió Roma con Santiago, y nada, ni un solo dato encontró del tal Birbbendi. La concejala, preocupada, más por el posible ridículo público que por calmar su curiosidad, llamó a los cinco alumnos de quinto curso de Filología que organizaban el ciclo de lecturas –Los viernes en La Kurda.

-A ese hombre no lo conoce nadie...

-Por supuesto, es un seudónimo. Quiere que sea un acto íntimo y si se descubriera tendríamos que irnos al polideportivo para poder dejar entrar a toda la gente que querría verlo... -dijo Jesús Rodríguez, siempre eficaz y convincente en la primera respuesta.

-Pues mejor, al polideportivo nos vamos... -dijo María de los Dolores Cantueso sin pestañear.

Se pudo ver la concejala con el vestido que se hizo para la boda de su sobrina, bella a lo polaca, gruesa y presumida –que todo es posible-, ante cinco mil jóvenes o más, y en la portada de los periódicos locales.

-Eso no puede ser... la poesía no debe ser llevada a ciertos lugares, pierde su emoción... ¿qué imagen íbamos a dar? –dijo Ana Peña, la única chica del grupo.   

-Los Tres Tenores cantan en estadios de fútbol... –dijo la concejala, y la documentalista, detrás, asintió la respuesta.

-Ese ejemplo no vale –dijo Juan Leyva.

Juan y Ana fueron novios, pareja, amigos con derecho a roce –o a lo que fuera- durante seis meses pero un poema terminó con su relación…

-¿Por qué no vale el ejemplo de Los Tres Tenores? –preguntó la documentalista, dispuesta a todo con tal de defender a su jefa.

-Estamos hablando de poesía, de emoción en estado puro, de palabras dibujadas con el pincel de la imaginación, de misticismo y reflexión, de belleza intangible, de recuerdos con aroma y tacto... estamos hablando de poesía con letras mayúsculas... -dijo de corrido Jesús Rodríguez.

-Eso es, eso es –repitió un extasiado Jesús María García, siempre a la sombra de su admirado amigo.

María de los Dolores Cantueso se acercó hasta Jesús Rodríguez, lo separó del grupo y le dijo:

-Bueno... si tú lo dices. Dime, a mí, al menos, de quién se trata, para poder presentarlo como se merece, quiero estar a la altura...

-Es tan grande, imagínate, que ni yo lo conozco... –susurró Jesús Rodríguez.

-Venga...

-Te lo juro, ni yo...

Llegó el gran día: el primer Viernes de La Kurda, y todos los poetas de la ciudad  estaban revolucionados. Los días previos, muchos de ellos, los emplearon en pasar a limpio los últimos versos –compuestos- para entregárselos al maestro entre maestros. María de los Dolores Cantueso, con el vestido de la boda de su sobrina, aguardaba impaciente en la puerta del local; sin polideportivo, pero avisados todos los fotógrafos de la región –que no es poca cosa.

Entre dos velas, ante una repleta Kurda, presentó la concejala al poeta que seguía sin conocer/aparecer. Breves pero emocionadas palabras, anticipando un cataclismo de Arte y Belleza -con letras mayúsculas.

Apareció James Birbbendi, estaba apoyado en la barra y nadie lo había reconocido. Murmullos de admiración, hasta algún dedo intentándolo tocar, como se toca la mano de un santo o de un sanador. James Birbbendi miró a todos con indiferencia, casi con asco –realmente entregado a su papel-. Andaba a trompicones, como si tuviera una pierna más corta, pero no la tenía. Con dificultad, se dejó caer en la silla. No colocó sobre la mesa sus poemas, sino una botella de Rioja medio llena, o medio vacía, según el optimismo. Más murmullos de admiración entre los presentes. "Se los sabe de memoria, en eso se diferencia un buen poeta, leer te marca y te traba mucho a la hora de recitar", dijo un joven poeta con la cara cuajada de espinillas y granos blanquecinos y mantecosos –vaya asco de cara.

Entre todos los presentes fabricaron un silencio funerario, de esos que sólo se producen antes de los grandes acontecimientos. James Birbbendi, con pinta de hippy trasnochado, como salido de una máquina del tiempo, directamente de Woodstock -el del siglo pasado-, greñoso en barba y cabeza, calvo de coronilla, tomó la botella, y bebió lo que quedaba de un solo trago. Después, eructó. María de los Dolores Cantueso sonrió con amargura. Todos quedaron impresionados, o apestados por el aliento, según la distancia. Entonces, James Birbbendi, con el acento de un cabrero de Cádiz, les dijo:

-Esto es lo que os quería demostrar: la poesía es como el vino. Se saborea sólo un segundo, sólo un segundo, bajo la lengua. En el estómago escuece y después se mea, ya no es nada. Lo mismo le sucede a la poesía: es instantánea. La poesía que se escribe, que se recita, que se publica, con la intención de perdurar es una mierda, toda, una gran mierda. Mientras más oídos la comparten, mientras más se estudia en los libros, mientras más reproducida está, más mierda es, mierda, mucha mierda. Abogo por la poesía que no se fuga de nuestro cerebro, por la poesía muda, porque esa es la verdadera poesía, es pura e incorruptible... Haced con vuestra poesía lo mismo que yo he hecho con el vino...

Qué éxito. Qué alboroto. Las Doblass de las manos –de los asistentes- encallecidas de tanto aplaudir. Los asiduos de La Kurda estaban realmente excitados, casi emDoblasdos -algunos de ellos-, radiantes de felicidad. María de los Dolores Cantueso contenta por contagio, abrumada por lo que acababa de escuchar, apestada por la cercanía, reía nerviosa. Los fotógrafos disparaban sus flases. Qué maravilla.

-El cheque, que tengo que pensar unas poesías -pidió James Birbbendi en caliente, que es cuando mejor se pide, mientras continuaban los aplausos.

-Pero si ahora nos vamos a cenar –dijo la concejala

-La poesía es lo primero –insistió el poeta (mudo).

Quinientos euros al bolsillo.

Los cinco estudiantes de Hispánicas, antes de ser despachados como perros sarnosos, detrás, como apóstoles tras su mesías, seguían a James Birbbendi por las callejuelas de la ciudad.

-Es lo que siempre he pensado yo de la poesía –dijo Jacinto, el más joven del quinteto organizador.

-Qué mente más lúcida –dijo Juan Leyva y Ana sonrió.

“Siempre dice lo mismo el idiota”, pensó Ana.

“Se acuerda demasiado de mí”, intuyó Juan Leyva.

-Con razón venden los que venden –dijo Jesús Rodríguez.

-Mierda, mierda, todo lo demás es mierda… puede ser el comienzo de un gran poema –dijo Jesús María García.

-Tú no has aprendido nada, no pienses en perdurar –le reprochó Ana.

-Es el tiempo de la poesía del silencio –sentenció Jesús Rodríguez.

-La poesía no es comunicación, ni mucho menos –dijo Mario Puerta, que pretendía ser el sexto miembro del comité organizador.

-La poesía es muda, jamás se me habría ocurrido a mí la metáfora del vino… -dijo la concejala.

Los chicos de La Kurda, alucinados y sanados, aliviados tras la tensión de los últimos días, por fin encontraron una luz en el camino. Otra luz, la de un taxi, se detuvo en la puerta del local. Bajó un hombre rubio y escuálido, con aspecto de inglés en Torremolinos, que buscó desencajado –y algo desesperado- a los organizadores del acto, y se presentó:

-Perdón por el retraso, pero es que me han atracado nada más salir de la estación; soy James Birbbendi.

2 comentarios:

J. L. Pomona dijo...

Hola Salvador,


He llegado a tu blog a través de Impedimenta (algún día te explicaré los rebotes).

He leído este texto y me ha hecho gracia la descripción del lugar. Me has hecho sonreír con ello.

Te dejo aquí un enlace a mi blog.
http://laventanadefenestrada.blogspot.com

Seguiré el tuyo.

Un saludo.

Salvador Gutiérrez Solís dijo...

Me lo he pasado muy bien visitando tu blog... Sonic Youth... el otro día estuve escuchando un disco ya aantiguo, de Ciccone Youth, la banda paralela, que versionaba canciones de Madonna... puro delirio... te visitaré con frecuencia... y ya me contarás lo de Impedimenta, imagino que el gran Enrique tiene que estar por ahí... saludos