lunes, 21 de diciembre de 2015

A TRAVÉS DE LA LUZ


Hipnotizado por la magia de Paco de Lucía, de niño quiso ser guitarrista flamenco, pero nunca encontró la guitarra apropiada para un zurdo como él. Atrapado por el lenguaje de los colores, quiso ser pintor. Es ingeniero, aunque no lo parezca, si bien tiene mucha relación con lo que hace, si uno se detiene un instante a pensarlo. Primero lo conocimos en Flow, aquel legendario grupo cordobés del que, en cierto modo, nunca tuvimos constancia de la notoriedad que había alcanzando en el panorama musical español. Y es que puede que esa sea una de las grandes características de Fernando Vacas, lo vemos paseando por las calles de Córdoba, con su aspecto de despistado, desenfadado, su gafas de concha y su pinta de vaquero que ha descubierto las madrugadas en una Corredera de Tucson, si es que hay una Corredera en Tucson, y desconocemos su verdadera dimensión. No solo como músico, también como productor y como auténtico activista cultural. Se despidió, por el momento, de su primera banda, Flow, con un disco absolutamente maravilloso, Echo en México, un recorrido por los sonidos sureños, recubierto por una patina de entusiasta melancolía, aunque suene rara esta combinación. Fundó su sello discográfico, Eureka, que se convirtió en la plataforma de lanzamiento de Russian Red, entre otros muchos nombres. Por su estudio de grabación han pasado, y pasan, María de Medeiros, Howe Gelb, La Negra o Mercedes Ferrer. Y junto a su primas, creó Prin La Lá, una de las bandas más sugerentes y atractivas de la música española en los últimos años. Una banda con la que Fernando Vacas ha regresado, consciente o inconscientemente, al mundo de la infancia, tanto en textos como en sonido. Recuperando, por ejemplo, Pepito Grillo, aquella deliciosa canción nacida de la conjunción Nacho Cano y Germán Coppini. Sí, aunque muchos no se lo crean, Cano y Coppini, sí, el de Mecano y el de Siniestro total/Golpes Bajos, compusieron un trabajaron conjunto.
Tal vez porque sigue instalado en la fantasía de la infancia, como queriendo recuperar el niño que soñaba ser Paco de Lucía, Fernando Vacas nos ofrece en la actualidad la que puede ser su apuesta más arriesgada: A través de la luz. Una ópera flamenca, yo añado rock, en la que Vacas aliña los más diversos ingredientes. Por un lado se sumerge en la tradición flamenca de su familia, en los sonidos que escuchaba entre biberones y nanas, por otro  en los desgarros de los Sonic Youth más apocalípticos y finalmente lo condimenta con una escenografía entre lorquiana y romeraca, de Romero Torres. La instrumentación flamenca más tradicional, guitarra, cajón, palmas y taconeo, se fusiona a la perfección con las guitarras eléctricas y los bajos que aporta el propio Vacas, aderezadas con las... sigue leyendo en El Día de Córdoba
 

martes, 15 de diciembre de 2015

CUATRO AÑOS MÁS, NO, POR FAVOR


Entiendo la política, y por tanto a los políticos, como un elemento de servicio público. Entiendo la Democracia como un contrato con la clase política que nos representa. Contrato que se renueva, si no se adelanta la convocatoria, cada cuatro años, mediante consulta popular, en las urnas. Voto a voto. En unos días tenemos cita con las urnas, debemos escoger al que habrá de ser el próximo presidente, en masculino, ya que no hay una candidata femenina en los partidos mayoritarios. El contrato que antes citaba, los partidos políticos que concurren a las elecciones lo simplifican en su programa electoral. Si tuviéramos en cuenta ese contrato, y haciendo un símil casi empresarial, el Partido Popular debería cosechar una contundente derrota, ya que ha incumplido buena parte de lo que prometió a sus votantes en el programa electoral. Y es que en sus cuatro años de Gobierno hemos asistido y padecido una elevada subida de impuestos, y dijeron que no los subirían, merma de los derechos sociales conquistados, y aseguraron que no habría recortes, así como a una precarización de nuestro sistema laboral, que también callaron. Tenemos mucho menos que hace unos pocos años, mucho menos, en todos los sentidos, en todos los ámbitos de nuestra vida. Y no vale con ese viejo y falso argumento de “podría haber sido peor”, porque yo no quiero imaginar cómo habría sido ese “peor”, que tal vez no hubiera sido. Como tampoco puedo imaginar más casos de corrupción, de Bárcenas, Rato y compañía, que los que hemos contemplado y sufrido en estos cuatro años. Casos que no han tenido consecuencias, sin coste alguno, porque nadie ha asumido su parte de culpa. Cuatro años más de plasma y mentiras, no, por favor.
Y para rematar la faena de estos terribles cuatro años, y amparándose en la estrategia más descarada que hayamos contemplado en nuestra Democracia, el Partido Popular  convoca elecciones generales, se lanza a renovar su contrato con la ciudadanía, en plenas navidades, en una fecha absolutamente inusual. Un tiempo en el que es complicado movilizar al electorado, en el que hay multitud de desplazamientos. Hablando de desplazamientos y de personas fuera de su domicilio habitual: ¿no les llama la atención que la campaña publicitaria de voto por correo haya comenzado tan tarde y sin apenas presencia en los medios de comunicación? Suma y sigue. De la misma manera, estoy seguro que todos los trabajadores de la administración central cobrarán su paga extraordinaria antes del 20 de diciembre, pero será por casualidad, se admiten apuestas. Y es que todo vale cuando no se ha cumplido con el programa presentado a la ciudadanía. Todo vale de un presidente que envía sms de apoyo a corrupto... sigue leyendo en El Día de Córdoba

martes, 8 de diciembre de 2015

UNA HISTORIA DE SOLEDAD

Cada cierto tiempo, tal y como sucedía en esa divertida película alemana, Good bye Lenin!, alguien regresa a la vida tras haber estado mucho años en coma. Recuerdo el caso de aquel gallego que, tras abandonar el hospital, y tras pisar de nuevo las calles, creía que estábamos locos, ya que todo el mundo iba hablando solo y en voz alta. El profundo sueño del coma lo reclutó antes de que los teléfonos móviles fueran esta cotidianidad que nos abruma y que, supuestamente, nos interconecta. Le costó adaptarse a este nuevo mundo de velocidad, conversaciones solitarias y euros. Como en el caso de este gallego cuyo nombre no recuerdo, o en el de la anciana de la película, nos quedamos con la anécdota, con ese giro casi humorístico que puede acarrear encontrarse con un tiempo desconocido, y nos emocionamos. Una emoción corporativa, tal vez, ya que se tratan de casos que entendemos como el hilo de la esperanza, esas excepciones que escapan de la imperativa y enlutada regla. Excepciones que también deseamos protagonizar, en el caso de que la mala fortuna se cebe con nosotros. Leo con emoción la narración de estos casos, y, por el contrario, he leído con estremecimiento el caso de Pilar, la mujer gaditana que han encontrado muerta, en su propia cama, tras cinco años sin saber nada de ella. En un edificio en el casco urbano de la ciudad, no en los extrarradios. Un edificio en el que solo permanecen unas oficinas, ya no vive nadie habitualmente. Ha sido Pilar la última moradora. La descubrieron unos operarios que rehabilitaban una fachada cercana. Les llamó la atención la ventana abierta y los pájaros que convivían junto a los restos de Pilar. Una imagen que parece estar extraída de una película, fantasmagórica y cruel, de Tim Burton, pero que una vez más nos la ha ofrecido la realidad, que siempre acaba superando hasta a la ficción más delirante.
Cuando las fuerzas de seguridad del Estado accedieron a la vivienda de Pilar, encontraron junto a la puerta decenas de notificaciones, la mayoría de ellas avisos por impagos. Un año después de su supuesta muerte, le cortaron los suministros de electricidad y agua, ya no los necesitaba. También hemos sabido que Pilar trabajó como enfermera, que padecía depresión, y que estaba de baja médica, por tal motivo, cuando supuestamente murió. Y, un dato que llama poderosamente mi atención,  que activó mi estremecimiento, nadie denunció ante la policía, ni ante ningún otro organismo, la desaparición de Pilar. Cinco años... sigue leyendo en El Día de Córdoba

lunes, 30 de noviembre de 2015

VIERNES NEGRO


Que somos una especie de camaleones culturales-sociales no hay quien lo niegue. Nos bastan dos anuncios, tres comentarios y un levísimo empujón para disfrazar a nuestros hijos en Halloween, tragarnos una cola con sirope de lo que sea que sabe más mal que bien o lanzarnos a comprar lo que sea porque ha llegado el Black Friday. Sí, somos así. Y festejamos San Patricio como si hubiéramos nacido en Dublín, comeremos lentejas en Nochevieja si se tercia y acabaremos celebrando el Día de Acción de Gracias. Pobres pavos, que los pocos que hayan sobrevivido a la Navidad ya cuentan con otra fecha para pasar un mal rato. Somos así, no lo podemos evitar, tampoco lo intentamos mucho, más bien, o casi nada, es la verdad. ¿Usted se imagina a neoyorquinos devorando bocatas de tortilla de patatas o flamenquines por la calle o una churrería a orillas del Támesis, se lo imagina? Yo, no. Con el lenguaje, pues tres cuartos de lo mismo, abandonamos nuestras propias palabras, las arrinconamos en el rincón más oscuro, y adoptamos con alegría las que nos llegan de fuera. Y todo tiene traducción, o casi todo. Con lo bien que suena mercadotecnia, que hasta rima con hernia. Y no le reprochemos nada a la publicidad, a la influencia de los medios, que también tratan de influirnos con otras cosas y no caemos en sus redes, somos receptivos con lo que queremos. Los más acogedores del mundo mundial con lo de fuera, ya ves tú, que no tarda nada, ni cinco minutos, para sentirse como en su propia casa. Ahora es el Black Friday, ya pasó, ya lo gastamos, ya lo pronunciamos y visitamos, y hasta encontramos ese chollo con el que nos engañó la etiqueta rectificada. Viernes Negro se llama el evento en cuestión, que yo creía que eran los viernes 13, pero no, que se trata de rebajas, de gangas que no podemos dejar pasar.
Y ya les aviso, por si no lo saben, aunque creo que lo sabrán, claro, que tras el Black Friday llega el Cyber Monday, o Ciber Lunes, que ni el propio Kubrick podría haber titulado mejor, y que es el gran día de compras a través de Internet, venga, anímese, que estamos a tiempo. Pero escoja una forma de pago segura, que cualquiera sabe quién se esconde tras la pantalla y el teclado. Si uno lo investiga un poco, tampoco hay que escribir una tesis, esto del Viernes Negro surgió en Filadelfia, sí, de donde era originario el Príncipe de Bel-Air, ni más ni menos, a modo de respuesta para remontar comercialmente el día posterior a Acción de Gracias. O sea, aunque ya ha gastado bastante, gaste un poco más, ya puestos, por un día más tampoco va a pasar nada, más o menos podría ser la reflexión. Por lo que, en realidad, nuestro Black Friday debería celebrarse pasada... sigue leyendo en El Día de Córdoba

martes, 24 de noviembre de 2015

EL TERRORISMO MÁS SILENCIOSO

Permanecerá en nuestra memoria, tatuado en horror, en puro miedo, las imágenes de los cruentos atentados de París. Sangrienta expresión del extremismo en las fauces del abismo, donde habita la nada. Se ha hablado mucho esta pasada semana sobre este hecho, hemos hablado todos, y algunos hasta más de la cuenta, para dar rienda suelta a su xenofobia. Venganza, ajuste de cuentas, ojo por ojo, esa terminología del odio. Pero todo no vale, porque normalmente el “todo” está repleto de aristas, de fisuras, de nuevo ángulos que debemos tener en cuenta. Cualquier forma de terrorismo busca el dolor, la desolación, expiar supuestas culpas a costa de inocentes. Como inocentes son las miles de mujeres que han perdido su vida a manos de sus parejas o exparejas. Y no nos olvidemos de sus hijos, que también hay que catalogarlos como víctimas de la violencia de género. El 25 de este mismo mes, muy pronto, volveremos a escuchar todas esas cifras que nos deberían avergonzar como sociedad. A mí, particularmente, me avergüenzan y me abochornan, generan en mi interior grandes dudas. Cifras que recrean la estadística más infame y macabra y que, desgraciadamente, esconden años de tortura, insultos, vejaciones y asesinatos. Porque el asesinato de una mujer es la punta de un descomunal iceberg que comienza a congelarse mucho tiempo antes. En multitud de ocasiones en la juventud, con esas reacciones que muchos siguen achacando a los celos, pero que no dejan de ser los primeros síntomas de la obsesión por la posesión, por la completa dominación de la mujer. No te pongas esa falda tan corta, ¿con quién estás hablando? o ¿a qué hora volviste anoche? no forman parte de la semántica del amor, no. Forman parte de ese terrorismo silencioso, constante, irracional, que también debería permanecer en nuestra memoria.
La violencia de género no son asuntos de pareja, no forma parte de la intimidad del hogar y no es un crimen que se pueda relacionar con la pasión, olvidemos de una vez por todas esas coletillas del pasado que solo pretendían elaborar un discurso con el que seguir justificando el machismo. La violencia de género es una forma de terrorismo social que solo hemos comenzado a contemplar como tal desde hace demasiado poco tiempo, y que no deja de ser el macabro producto de una sociedad, y no me refiero solo a la española, que ha establecido durante siglos una sociedad dual, la de hombres bajo la luz y mujeres en las sombras. Hablemos de desigualdad, hablemos de ciudadanos de primera categoría y ciudadanas en las catacumbas de las oportunidades, hablemos de una injusticia sistematizada y consentida, que la tradición, por comodidad y seguridad de los hombres, normalizó hasta límites... sigue leyendo en El Día de Córdoba 

martes, 17 de noviembre de 2015

091: EL REGRESO


Volver, volver, volver. Andrés Calamaro volvió a subirse a un escenario, tras un tiempo de turbulencias y limpiezas, en una serie de conciertos que llevaron por nombre El regreso, y que posteriormente sirvió para titular un disco en directo. Héroes del Silencio también regresaron, por un tiempo, ofrecieron diez multitudinarios conciertos en diferentes puntos del planeta. Los Rollings Stones, Sex Pistols, Depeche Mode o Blur, me temo que Oasis no, todos las grandes bandas del rock se conceden y nos conceden una segunda oportunidad, por los más diferentes motivos. Y ahora regresan, a partir de enero los podremos volver a ver sobre un escenario, los granadinos 091, casi dos décadas después de su último concierto. El lunes pasado pusieron a la venta las entradas de sus dos primeras citas y en apenas media hora se agotaron. Es tal el interés suscitado que la productora está buscando nuevas fechas y espacios para satisfacer la demanda. Somos muchos los que no queremos perdernos este regreso. Por cierto, se trata de una productora andaluza, afincada en Córdoba desde ya algunos años, Riff Producciones. Una empresa plenamente asentada que ha propiciado que buena parte de los artistas y bandas más interesantes de la escena musical visiten Andalucía, también Córdoba, con bastante frecuencia. Una empresa cultural, como tantas otras, por la que hay que apostar, desde el convencimiento de que la cultura necesita de una industria y de profesionales cualificados que la sustenten, y apostar por ellas es, en definitiva, apostar por nosotros mismos, por el acceso a la cultura. Las necesitamos, activas y sanas, productivas.
Dicho esto, marquemos de nuevo el 091, pero no para llamar a la Policía, si no para reclamar la presencia de una de las grandes bandas de rock que ha tenido, y conjuguemos el presente durante el 2016 al menos, este país, 091. Tendemos a ser especialmente románticos y excesivamente generosos con la música de los ochenta y sus intérpretes, instalados con frecuencia en esa efervescencia juvenil que aún pulula en nuestro interior, sacando los codos entre las canas y las arrugas. En la mayoría de los casos, no fueron tan buenos como los recordamos, pero es que lo normal es que no lo fueran. Vivíamos en un país sin tradición musical, alejado del resto del mundo, el rock o el pop, ya no hablemos del punk... sigue leyendo en El Día de Córdoba
 

lunes, 9 de noviembre de 2015

MI 'BIOGRAFÍA AUTORIZADA'


Como dijo Umbral en su ya mítica intervención televisiva: yo vengo a hablar de mi libro. Una novela, Biografía autorizada, que esta misma semana ha llegado a las librerías, momento publicidad, así, a la poca vergüenza. Una novela con la que he vuelto a sentir esa seca satisfacción, ese punzante orgullo, ese miedo y alegría al mismo tiempo, ese no sé cómo explicarlo que me faltan las palabras y me sobran las emociones de las otras veces, con la misma e idéntica intensidad que la primera vez, exactamente igual, cuando al fin la he tenido entre mis manos, convertida en un libro. Tal vez sea algo parecido a lo que siente el padre que contempla como su hijo abandona el hogar familiar. Biografía autorizada ya no me pertenece, es de los lectores, de los muchos o pocos que tendrá en el futuro, pero ya no es mía, no. Y siento que es la obra en la que más me comparto, mi infancia, mis primeros años, aquel jovencito espinilloso de imposible peinado que trató de ser una estrella del rock. He disfrutado mucho, como nunca, escribiendo esta novela, ya que he transformado en palabras el sueño de aquel jovencito modernito que un día fui, colocándolo  frente a los focos, interactuando con sus ídolos, formando parte de una realidad anhelada y jamás sentida. Una novela que he escrito visitando el archivo de mis emociones y de mi memoria, solamente. Desde el principio tuve claro que no iba a escribir en la ventanita de Google cuál canción, serie o película era la que estaba de moda en 1985, en 1994 o en 2011, quería que Carlos J., el protagonista de la novela, como si se tratara de un ente plenamente autónomo, que llegó a serlo, y no exagero, contara solo y exclusivamente con su memoria como única fuente de documentación. Una memoria con despistes, vacíos, sombras, como la de cualquiera de nosotros, claro.
Ya que he citado a Carlos J, y ya que han comenzado a circular los paralelismos entre su propia vida y la mía, señalar que apenas comparto nada con él o tal vez lo comparta casi todo. Yo le he cedido mis recuerdos, no le he pedido nada a cambio, y él los ha intepretado/recreado/contado como le ha venido en gana, sin tener en cuenta la veracidad, mis gustos o mis inquietudes. Sé que puede costar trabajo entender esta disociación, esta permisividad con un personaje que he creado yo mismo, pero seguramente en esto se encuentre el secreto de la ficción: la reinterpretación de la realidad, aunque se trate de tu propia realidad. He pretendido, igualmente, con el protagonista de Biografía autorizada, Carlos J, trasladar a nuestra rutina más íntima, a nuestro día a día, a la estrella, al ídolo, calzándole unas zapatillas de paño, e intentar mostrarlo fuera de los focos, de las presentaciones y de los autógrafos. Reflejar sus miedos, sus inquietudes, sus anhelos, sus necesidades, pero también mostrando su proceso creativo, a la caza y captura de la chispa de un acorde que termine convirtiéndose en una canción.
Pero no todo es música en Biografía autorizada, o hay mucho más que la música. Hay mucho de retrato de la España de los últimos cuarenta años y de las generaciones que la hemos vivido. Generaciones que, en gran medida, hemos pasado de la lenta oscuridad de los 70 y principios de los 80, a la alocada vorágine en 3D de la actualidad. Cuarenta años contados a través de sus canciones, de sus series de televisión, sus películas o los famosos de turno; cuarenta años contados a través de los objetos cotidianos que nos han acompañado, de las cassettes a los discos duros, de los tirachinas a las videoconsolas. Porque en estos cuarenta han sucedido muchas cosas en este país nuestro, hemos tenido que recorrer al galope, y hasta a la pata coja, el camino que dejamos a un lado durante demasiado tiempo. Tal vez por eso, y no hablo solo de agujetas, estemos tan cansados y necesitemos reconstruir las articulaciones y músculos lesionados. No me cabe duda de que no hay mejor forma de enfrentarse al futuro que poseyendo una imagen real de nuestro pasado, de lo que fuimos. Solo así podremos saber lo que queremos ser, para seguir escribiendo nuestra propia biografía, autorizada o no. Esa ya es otra historia.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

CARNES ROJAS


Con toda seguridad, a mí no me cabe duda, lo único que sacamos de positivo o, al menos, de divertido de esta pasada semana de plasmas, independencias, registros, ausencias, dictámenes, vacunas, informes, carencias y resistencias hayan sido todos los memes y demás gracietas que han surgido a partir de las ya célebres recomendaciones de la Organización Mundial de la salud, respecto al consumo de carnes procesadas y carnes rojas. Memorable el de esa lechuga acomodada en el jamonero. Sigamos. Sí, la OMS, esas son sus siglas, ese mismo organismo que nos avisó de una pandemia gripal mundial y universal, casi celestial, y ya no se me ocurre otra palabra que concluya en “al”. Todavía recuerdo esa mañana de sábado y me sobrecojo, porque puede que haya sido la única vez que me he sentido como un protagonista de Walking Dead. Muy temprano, comencé mi habitual repaso a la prensa digital, cuando me encuentro, ocupando buena parte de la pantalla, y bajo el titular: Pandemia, la imagen difusa de una pareja con bocas y nariz cubiertas por mascarillas, en un diario nacional. Por un segundo, dudé entre comenzar a llorar, encerrarme con mi esposa e hijos en una habitación o supervisar la cantidad de alimentos acumulados en el frigorífico. Luego, pasados unos días de terror y contagios, de síntomas a flor de piel más allá de la hipocondría habitual, como que no fue para tanto la cosa. Fue para tan poco, en realidad, que los millones de vacunas compradas caducaron y tuvieron que ser destruidas. También costó su buen dinero destruirlas, qué cosas. Eso sí, las farmacéuticas cobraron en su momento, como debe ser, abone al ser servido se podía leer en la parte superior de la clavada. Pues ese mismo organismo, que enriqueció hasta límites infinitos a unas cuantas farmacéuticas, que adelantó una pandemia que nunca fue, ese mismo, la OMS, ahora emite un informe que alerta sobre los efectos nocivos, cancerígenos, en concreto, que puede derivar de la ingesta de carnes rojas y procesadas.
Pero el asunto tiene otra lectura, como poco. En esta ocasión, de la misma manera que sucedió con la pandemia gripal, tampoco le adjudiquemos a la OMS toda la culpabilidad, eso no es bonito ni procede. Los medios de comunicación, algunos medios de deflagración, podríamos calificarlos, te cogen un delito de faltas leves y te lo convierten en toda una sentencia de muerte, tal cual. Escoja entre silla eléctrica o inyección letal. A mí máteme a base de jamón y chuletones, sigue leyendo en El Día de Córdoba

jueves, 29 de octubre de 2015

BRILLA, MAR DEL EDÉN


Andrés Ibáñez ha escrito una novela fabulosa, prodigiosa, vaya por delante la afirmación, reconocida con el Premio Nacional de la Crítica. Brilla, mar del Edén es una novela que te reconcilia con el género, como un espacio de creatividad e imaginación, construido sobre las más sólidas bases de las herramientas y técnicas literarias.
Una novela que parte, según comenta el propio autor, de la serie de televisión Lost, pero en la que el lector puede encontrar multitud de referencias: Los viajes de Gulliver, Robinson Crusoe, La isla del Tesoro, Apocalipsis Now o Naufrago. Tramas en las que la épica y la incertidumbre, la leyenda incluso, cobran un papel esencial, conformando el andamiaje sobre el que se sustenta la narración.
En este sentido, la novela de Ibáñez bebe y se nutre de muy diferentes referencias, que van de la cultura audiovisual, la musical o la literaria. Y así, por sus páginas desfilan, bien mediante una presencia real, bien como sombras que se proyectan, Salinger, Pynchon, Roberto Bolaño, Murakami o Raymond Carver. Y, de un modo u otro, son presencias que no son meramente tributarias o anecdóticas.
Brilla, mar del Edén, es, sin lugar a dudas, una novela de novelas, y no solo por los homenajes citados anteriormente. Por un lado nos encontramos la historial central, de las vicisitudes, encuentros, relaciones que se entablan en una isla del pacífico, que no aparece en los mapas, entre los supervivientes de un accidente de avión. Y, por otro, Ibáñez introduce, valiéndose de los personajes, historias paralelas que nos trasladan a Oriente, a México, Estados Unidos y España. Consigue el autor, sin fricción alguna, que las historias convivan armónicamente con el núcleo central de la novela, narrado por el fascinante Juan Barbarín, a pesar de estar construidas sobre lenguajes, realidades y geografías absolutamente diferentes.
Brilla, mar del Edén es, por encima de todo, un vertiginoso y deslumbrante ejercicio de creatividad, una desmedida exaltación de la imaginación, de la capacidad del autor para concebir historias, muy vivas, y plasmarlas sobre el papel. Imaginación, invención y creatividad que reposan sobre un extraordinario uso del lenguaje. Porque Andrés Ibáñez, en esta novela, demuestra en cada línea que maneja y domina a la perfección todas las herramientas e instrumentos literarios y que despliega, no por exhibición, por dar coherencia a la historia.
La fabulosa Brilla, mar del Edén, también es la mejor respuesta para todos aquellos cenizos que han matado y embalsamado a la novela, como género, en los últimos años. Demuestra Ibáñez que aún le queda mucho camino por recorrer a la novela, y que ese camino puede estar dentro de la legibilidad, sin torturar al lector con fríos y estériles artificios, que no hacen más que confirmar la defunción vaticinada. 

martes, 27 de octubre de 2015

CAMBIO HORARIO

Estamos plenamente convencidos de que la vida es complicada, eso no hay quien lo dude ni lo ponga en cuestión. Pero yo, con frecuencia, tengo la impresión de que nos la hacen más complicada de lo que realmente es y que todas esas complicaciones supletorias que vamos añadiendo a nuestra rutina diaria construyen esa complejidad que nos creemos como si se tratara dogma de fe. Hay dificultades muy comentadas, así, a vuela pluma: ¿por qué lo llaman abrefácil si es mentira? Es fácil abrir el bote de tomate si utilizas las tijeras, claro. Pero, ¿dónde están las tijeras? Las tijeras, como las pinzas de depilar, el metro o el cargador de la videoconsola cuentan como autonomía propia, nunca nadie sabe por dónde andan. Pixar debería plantearse rodar una versión de Toy Story, pero con electrodomésticos y utensilios del hogar. Yo los imagino así, jugando al escondite con nosotros, regocijándose con nuestros enfados. Y las lonchas de queso, ¿qué me dice? ¿Tal difícil sería imprimir una flechita roja que nos mostrase el camino? Y ya no voy a escudriñar sobre esos picos de queso que nos dejamos en la esquina, que daría para un mayor y más intenso debate. Envases sin esquinas, por favor. En este catálogo de las cosas complicadas que son las que realmente hacen nuestra vida complicada se encuentra esa célebre y reflexiva máxima que nos remite a la tradición, a lo que se ha hecho siempre, a las cosas son como son, para seguir haciendo determinadas cosas que no tienen absolutamente sentido o que consiguen que nuestra vida sea más complicada. Un ejemplo ilustrativo: la fecha de apertura y cierre de las piscinas comunitarias.
Siempre está el típico vecino que, enarbolando la bandera de la tradición o la de las cosas han sido siempre así, sentencia con firmeza: la piscina se abre al vecindario el 15 de junio y se cierra el 15 de septiembre, y ya da igual que el 30 de mayo estemos a 40 grados y mires la piscina con una mezcla de odio y pena o que el 1 de septiembre esté diluviando y el socorrista se encuentre bajo el único trozo de toldo que ha resistido la tromba de agua, leyéndose la décima novela de la temporada, por puro aburrimiento. Las cosas son como son. No me cabe duda que el mayor y más incongruente ejemplo es el del cambio horario, que acabamos de padecer. Todavía no hemos asimilado los regresos: al trabajo, al colegio o a la Universidad, los días se tornan grises, a ratos lluviosos, las terrazas comienzan a despoblarse, los jardines a exhibir alopecia, y cuando más necesitamos un gesto cálido, una caricia, medio beso aunque... sigue leyendo en El Día de Córdoba 

miércoles, 21 de octubre de 2015

REALIDAD Y PHOTOSHOP


EN 1953, Hugh Hefner fundó en su Chicago natal una revista para "adultos", Playboy. La portada del primer número de la publicación la protagonizó el gran icono del momento, Marilyn Monroe. En poco tiempo, Playboy se convirtió en una publicación de referencia, y comenzó a ser vendida en buena parte del mundo, creándose ediciones específicas en multitud de países. En todos los años de existencia, el gran reclamo de la célebre publicación norteamericana ha sido el de las mujeres que aparecían en su portada, aunque no debemos olvidar el nombre de algunos de los escritores que han colaborado: Cheever, Updike, Alberto Moravia, Borges, García Márquez, Kerouac, Nabokov, Joyce Carol Oates o Margaret Atwood. Tampoco son desdeñables, por su calidad, los textos aparecidos en este tiempo sobre música o cine. Hay quien señala que el nacimiento y difusión de Playboy influyó en el avance de las libertades sexuales, al mostrar, tal cual, el cuerpo desnudo de una mujer, y al reproducir historias de contenido seudoerótico, propiciando la normalización de algo que hasta entonces permanecía en la intimidad o en la clandestinidad. Liberación, en cualquier caso, sólo para los hombres, claro. A las mujeres, como siempre, las volvimos a dejar en el furgón de cola. Hasta 1973, veinte años después, no comenzó a publicarse Playgirl, por un grupo editorial que, por cierto, nada tenía que ver con Hefner. Después de varias décadas, la revista norteamericana Playboy ha anunciado que se acabaron las mujeres desnudas en sus páginas, su gran seña de identidad. Tras varias décadas de portadas y desplegables interiores con mujeres, tan bellas como retocadas, desnudas, los responsables dePlayboy dicen que se acabó, argumentando que es un sector comercial muy explotado, que cualquiera puede acceder a miles de mujeres desnudas con un solo clic de ratón y que a partir de ahora se van a dedicar a otra cosa, a ofrecer imágenes más insinuantes, con más ropa, tipo Instagram, creo que llegaron a decir. O sea, que la primera portada de este nuevo Playboy estará protagonizado por Kim Kardashian, me atrevo a vaticinar. 
El cambio de rumbo de Playboy ha coincidido con la polémica suscitada en nuestro país en torno a las fotografías retocadas de la actriz Inma Cuesta para un suplemento dominical. Sin adentrarnos en buscar al responsable de dicho retoque, no es el caso, la noticia ha llegado porque ha sido la propia actriz la que ha denunciado la manipulación de su propia imagen. Playboy ha sido durante décadas, en mayor medida según avanzaba el tiempo, el mayor estandarte del retoque y de la manipulación, hasta el punto de ofrecer en sus páginas las imágenes de mujeres... sigue leyendo en El Día de Córdoba

miércoles, 14 de octubre de 2015

LA FOTOGRAFÍA


YA sé que me repito, que ya me lo habrá escuchado o leído en alguna ocasión, pero es que no me cabe duda de que la fotografía es el orden de la memoria. Y, por tanto, el calendario más exacto de la realidad, al que acudir con la garantía suficiente para saber qué, cómo, quiénes, dónde. Porque todas las preguntas, y algunas muchas más, nos puede responder una fotografía que recoge el instante de una décima de segundo, como decía Antonio Vega en aquella maravillosa canción. La fotografía vive una época dorada, ya que la mayoría de nosotros pasamos los días, y a veces hasta las noches, con una cámara dentro de nuestro bolsillo. La tecnología nos ha regalado su cercanía, incrustada en nuestros teléfonos móviles, perdón, quería decir smartphones, nos ha obsequiado con su economía, ya no sea acaba el carrete, que te aguanta lo mismo que tu tarjeta de memoria, y también nos ha regalado, como por arte de magia, habilidad. Todos somos capaces de realizar fotografías maravillosas, impensables, bellísimas. Porque si yo soy capaz, que jamás aprendí aquello del diafragma y el obturador, le puedo asegurar que cualquiera es capaz de conseguir una buena fotografía. Compartimos nuestros días, ya no sé si la vida real o solamente las que nos interesa, con esos amigos con los que nunca nos hemos tomado un café y con los que nunca, o casi nunca, hemos asaltado una madrugada de confesiones inconfesables. Reporteros de nuestras propias existencias, que publicamos en las ediciones de nuestras redes sociales. Redacciones unitarias, nosotros mismos y nuestro aparatejo de turno, la última edición de cada día. 
Lo digital, lo instantáneo, lo barato y hasta el amateurismo hizo mucha pupa en el periodismo. Demasiados directores de prensa escrita, especialmente los de las grandes cabeceras, se olvidaron de aquella fascinante asignatura que aprendieron en la facultad: fotoperiodismo. Una modalidad periodística que bien podría utilizarse, de hecho se utiliza, como certera crónica del siglo XX y de lo que llevamos del XXI. Cada poco, encontramos en los medios de comunicación una fotografía que nos impacta, que reclama nuestra atención, por muy diferentes motivos. Por desgracia, las que nos transmiten calma o felicidad no abundan, son la rara excepción de este alocado y cruel mundo abonado a la desgracia y al dolor. Unas semanas atrás, entendimos el drama de la emigración en su justa medida con la fotografía de ese niño muerto en la playa. Una imagen que nos retorció el estómago. Así como hemos contemplado el descenso al infierno, o la acción de la Justicia, con esa instantánea de Rato esposado, aquel "mejor ministro de economía de nuestra historia". Ahora sabemos que fue el mejor ministro de su propia economía. O las fotografías del todopoderoso Gadafi pisoteado por ese mismo pueblo que lo adoró por obligación. O los ojos de Bretón en este mismo diario, perfecta representación del odio, del rencor, en su máxima expresión. Hace unos días una imagen volvió a reclamar toda mi atención. En ella se podía ver a un directivo de Air France, andrajoso, semidesnudo, huyendo de... sigue leyendo en El Día de Córdoba

martes, 6 de octubre de 2015

TOCA BAILAR


Ya han pasado las elecciones catalanas, ¿y ahora qué? Pues ahora toca bailar, sí, eso que no se ha hecho hasta el momento. Rajoy y Mas, nada más pisar la pista de baile, ese tapiz con forma de piel de toro, se situaron en los rincones más alejados. Jamás se miraron a los ojos, siempre de reojo, desconfiados el uno del otro, y el otro del uno. No me gusta la muñeira, esbozó Mas, pues la sardana me aburre una barbaridad, dicen que resopló Rajoy; ¡una de Raphael, ni en broma!, bramó Mas, a mí no me gusta Sergio Dalma, renegó Rajoy; me gusta la letra, pero la musiquilla no tanto, justificó Mas, una rosa es una rosa es, pues esa me gusta, propuso Rajoy. Y así, el presidente español y el presidente catalán dejaron pasar las canciones, más de mil, una tras otra, sin coincidir en una sola de ellas y sin abandonar sus respectivos y alejados rincones. Para bailar agarrados, tienen que querer las dos personas que componen la pareja, y dos no se pelean si uno no quiere, escoja el axioma que más le guste. Ninguno de los dos ha cedido un ápice en sus planteamientos o ha ofrecido medio gramo más de entendimiento o proximidad. Como dos inmensas rocas, que ruedan desde lo alto de la montaña, han recorrido sus caminos sin tratar de variar la dirección, sin predecir las consecuencias, sin asumir riesgos. Mas encontró la banda sonora perfecta con la que encubrir el mayor descalabro social, en forma de recortes y mermas de derechos, que han padecido los catalanes en las últimas décadas. Rajoy trató de proclamarse como el gran defensor de España y ha terminado convirtiéndose, al igual que buena parte de la cúpula de su partido, en una factoría de independentistas. Patriotismo no es lo mismo que confrontación.
¿Y ahora qué? Toca bailar, me repito. Bailar durante horas, hasta encallecer las plantas de los pies. Bailar mientras el cuerpo aguante. El resultado de las pasadas elecciones en Cataluña cuentan con un aspecto positivo, tras la maraña de ramas y hojas que nos impiden contemplar la fotografía verdadera, que todos los actores principales deberían tener en cuenta: hay tiempo. Vuelve a haber tiempo. La división de la sociedad catalana así lo exige, ya que en número de votos hubiera ganado el “no” a la supuesta independencia. Al que habrá de ser nuevo presidente del Gobierno de España y al que habrá de ser el President de la Generalitat les ha llegado, sin quererlo o no, deseado o maldecido, un bonus extra de tiempo. Pero la pareja de baile que hemos tenido hasta el momento no sirve, no, demasiadas canciones repudiadas, demasiado tiempo en los rincones de la ignorancia. Necesitamos una nueva pareja de baile, pero una formada por dos personas que estén dispuestas a bailar... sigue leyendo en El Día de Córdoba 

jueves, 1 de octubre de 2015

EL COLOR DEL OTOÑO


Si le adjudicamos un color a las estaciones, no me cabe duda que el color del otoño es el marrón. Por eso de las hojas secas que el viento arrastra por las calles para desdicha de los barrenderos. Tampoco le he dado muchas vueltas al asunto, que no tengo yo hoy la cabeza para un centrifugado. Aunque también podría ser el rojo, por esos atardeceres que Velázquez reprodujo en muchos de sus cuadros con genial maestría y precisión. Sea como fuere, le pongamos el color que le pongamos, la paleta es amplia, tiene donde escoger, es otoño y los psicólogos y psiquiatras tienen las agendas repletas de citas. Me ha salido el Woody Allen interior, vaya, terminaré tomando veinte manzanillas diarias, pero no de Sanlúcar, que es más divertida, claro. Ya lo he dicho alguna vez, pero me repito, ahora saco el ajo que todos llevamos dentro, no me gusta el otoño, nada, ni un gramo, tal vez por eso me pese como una tonelada. Y me aplasta y me aplasto, transformando mis días en esos días en los que todo nos cuesta tanto y tanto y no sabemos porqué. Es el nublado, nos decimos, es el cambio de horario, argumentamos. Hablando del cambio de horario, me gustaría saber quién se inventó semejante invento, ese artefacto horario cómplice de las más variadas y diversas depresiones y de las compañías eléctricas. ¿Es necesario, es tan grande el ahorro, a quién le gusta, no se puede quitar? Preguntas sin respuesta o que responde la factura de la luz. Vamos a enfadarnos un rato: revise la letra pequeña de la factura, los conceptos que se suman, compruebe su consumo real y después dispóngase a vociferar como si le hubieran pitado un penalti en contra en la final de la Champions. Eso sí, le pido que no se ensañe con el teleoperador o teleoperadora de turno, que no tiene la culpa de nada y solo se limita a cumplir con lo mandado, me temo que entre los gritos que les gritamos.
Eso es muy español, me temo, lo de los gritos telefónicos, digo. Hay quien le grita a la voz del GPS, de verdad, que yo lo he visto, y hasta más de una vez. Y nos sale esa vena machista que llevamos metida, desgraciadamente, en la sangre; muchos los siglos de misoginia reconcentrada. Porque la mayoría de nuestros GPS tienen voz de mujer. Algo habría que decirle a los fabricantes, que yo creo que lo hacen a conciencia, y no solo porque ellas tenga una voz más armoniosa o agradable que nosotros, por pura sociología, me temo. Pero volvamos al posible color del otoño... sigue leyendo en El Día de Córdoba

miércoles, 23 de septiembre de 2015

LAS PUERTAS DE LOS COLEGIOS


No fui un buen estudiante, he de reconocerlo. Confieso. El color rojo asomaba abundantemente en mis notas. Esta circunstancia propició que aprendiera las nociones básicas y fundamentales de mi peculiar y autodidacta psicología familiar o casera. Escoger, de entre todos los posibles, el momento más apropiado para entregarle las notas a mi padre. Recuerdo con horror, también lo reconozco, los exámenes de septiembre. Aquellas noches de cafetera, cigarrillos y tetris. Una partida más y me pongo a estudiar, me prometía, me repetía, y raramente cumplía. También recuerdo esos Mundiales entre libros, en los que un Bolivia contra Bélgica se imponía, por goleada, a la Alemania de Bismarck, aquel canciller con la sonoridad de un complejo artefacto de Ikea. A pesar de estos recuerdos, en mi memoria el colegio permanece como un lugar y como un tiempo especial, privilegiado, deslumbrante en muchos momentos. Lo pasé muy bien en el colegio, muy bien, e igual de bien en mis años de Bachillerato (Unificado Polivalente) y C.O.U. Los recuerdo como muy buenos años, vividos intensamente. Hasta Quinto de E.G.B. estudié en un colegio próximo a mi casa, en el López Diéguez, donde también estuvo varias décadas antes Pablo García Baena. Cómo para dudar de los beneficios de la enseñanza pública (y lo digo por el poeta, claro). En Sexto comencé mi periplo en los Salesianos. Ahora me doy cuenta que nunca he sido creyente, que jamás he sentido eso que llaman fe, pero reconozco sin pudor que todos los 31 de enero y los 24 de mayo recuerdo a Juan Bosco y a María Auxiliadora y que aún me sé, de principio a fin, el Rendidos a tus plantas. Defensor, como soy, de la enseñanza pública y de la laicidad como concepto, jamás he escondido mi pasado en los Salesianos. Es más, considero que en gran medida aquellos años han sido fundamentales en la construcción del hombre que hoy soy. Ya no sé si eso se sitúa en el deber o en el haber del colegio.
Mi amigos de aquel tiempo siguen siendo mis amigos, como si formáramos parte de una familia creada y establecida más allá de nuestras propias casas. De aquel tiempo conservo mi pasión por el cine, por la música, por la lectura, que me inculcaron como si se trataran de juegos. También mi pasión por el fútbol. Conservo imágenes... sigue leyendo en el El Día de Córdoba

domingo, 20 de septiembre de 2015

EL TRIUNFO DE LA NORMALIDAD

Una final más cómoda de lo previsto, 17 puntos de diferencia. Volvemos a hablar de esta excepcional generación de baloncestistas que siempre recordaremos. Durante dos semanas hemos disfrutado con las genialidades del Chacho, la sobriedad de Felipe, el mágico atrevimiento de Rudy, la versatilidad de Llull o la sencilla honestidad de Pau Gasol. Estrella indiscutible de la NBA, ídolo en Chicago, cuando Gasol se enfunda la camiseta de España es un jugador modelo, incluso a costa de renunciar al brillo personal. Aún así, ha sido designado el MVP del Europeo. Podríamos reinterpretar o repetir todas las loas que los nuestros han recibido en los últimos días, todas merecidas, hasta crear un nuevo género literario. Una selección que, más allá del juego, puro talento, desprenden lo que calificamos como “buen rollo” y que no debería ser una excepción en el mundo del deporte de élite. Y es que nuestra selección de baloncesto es, además, sobre todo, un equipo de buena gente, de gente normal, de deportistas, de simplemente deportistas. Algo que salta a la vista en las celebraciones, en las bromas, en las canciones pactadas, en las miradas de complicidad. Y con la medalla en el cuello se han comportado como lo que son: gente normal, que se emociona, que llora, que ríe, como cualquiera de nosotros en un momento de felicidad. Tal vez por eso disfrute tan intensamente los triunfos de esta selección, porque contemplo el triunfo de la normalidad.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

ESE PROBLEMA DE ESTADO

No le voy a dedicar una sola línea a las elecciones catalanas, vaya tío sosito que soy, no me apunto a la moda imperante y rampante. Demasiado lo escrito y dicho hasta el momento, y puede que ahí se encuentre parte del error: en la saturación verbal. Cuando se habla mucho, las probabilidades de equivocarse aumentan considerablemente, sobre todo cuando los que hablan no son, precisamente, unos lumbreras, visto lo visto. Vaya, me he pasado de líneas, soy un tipo actual atento a la actualidad. Amén. Tampoco voy a hablar de los refugiados, asilados o como se quieran llamar. Personas desesperadas que son capaces de cualquier cosa por una vida mejor, digna, a secas, lo que haríamos cualquiera por nuestros hijos y familias; así los llamo yo, porque así los contemplo. Y nosotros, insignes europeos, habitantes del vetusto y sabio continente, contemplamos como nuestros grandes representantes políticos mercadean con las vidas humanas, a la baja obviamente, como si fueran mercancía. Se nos puede colar algún yihadista, avisó el ministro, claro, y también se nos puede colar algún Wert que se cargue la educación y la cultura de este país, que se nos coló. Y ahí lo tenemos, a tutiplén en París, vaya condena más mala, lo mal que lo estará pasando el hombre. Tampoco voy a escribir sobre Ylenia, esa musa platino de los shores, que es esa nueva acepción que nos sirve para calificar la mínima expresión emocional, cultural o social que puede desarrollar una persona. Con decenas de problemas, muy sangrantes algunos, aberrantes, el TT coronaba en lo más alto de Twitter a nuestra querida Ylenia. Pero no acusemos a Ylenia, ella esa simplemente como es, señalemos con el dedo a exhibidores y espectadores, que la convierten en esa musa de lo que no tendría que ser, pero es y está siendo. Menuda siembra, ya recogeremos. Tampoco voy a hablar de Piqué, en el ojo del huracán, inspiración para los silbadores, problema universal que condiciona el Ibex y la Prima de Riesgo, así, tal cual. Relativizar, ese verbo que tan mal conjugamo... sigue leyendo en El Día de Córdoba

martes, 8 de septiembre de 2015

565, PERUGIA WAY


HACE cincuenta años, justamente, en la noche del 27 de agosto de 1965, la astronomía y la música asistieron a la mayor confluencia de estrellas que recuerdan: el encuentro entre Elvis Presley y los Beatles. Tal y como pactaron previamente, no existe una prueba gráfica de aquella velada, ni una sola imagen o grabación. Por el testimonio de algunos de los presentes, sabemos que Elvis recibió a la banda de Liverpool en la entrada de mansión, en el 565 de Perugia Way, en Bel Air, Los Ángeles, yo lo imagino ataviado con un kimono blanco con su nombre bordado en letras de oro en la espalda, entre un Rolls Royce y dos Cadillacs, escoltado por 10 integrantes de sus amigos/guardianes: la Mafia de Memphis. El Rey condujo a los recién llegados a un enorme salón circular, iluminado por luces rojas y azules, en el que se agolpaban mesas de billar y un rockola en el que sonaba Mohair Sam, de Charlie Rich. Presidía la habitación un gigantesco aparato de televisión a color con el volumen a cero, en el que se proyectaban secuencias de Rebelde sin causa, quiero imaginar. Sabemos que los primeros minutos estuvieron presididos por la frialdad y el silencio, hasta el punto de que Presley fue el primero en abrir la boca para decir algo parecido a: "¡Maldita sea, si vais a quedaros ahí sentados mirándome como pasmarotes, me voy a la cama!".Sabemos que Lennon, no podía ser otro, fue el primer Beatle en tomar la palabra. ¿Cuándo vas a volver al Rock And Roll?, dicen que le preguntó. Imagino a Paul cabeceando, con ganas de estrangular a John, imagino a Paul hipnotizado en la bola de mil espejos y a Ringo haciendo lo indecible por contener la risa. E imagino a Elvis, mirando a sus amigos de la Mafia de Menphis, dudando entre echar a patadas a esos cuatro melenudos británicos de su casa o beber de un trago una botella de Gatorade. 
Sabemos, por lo que contaron algunos de los presentes, que El Reyoptó por repartir guitarras entre sus invitados, que él agarró un bajo y que McCartney le enseñó algunos trucos; sabemos que tocaron juntos I Feel Fine You're my world de Cilla Black, y que Ringo, sin instrumento, marcaba el ritmo utilizando sus manos como baquetas; sabemos que, en el rincón más alejado, Brian Epstein trató de convencer al Coronel Parker de que Elvis girase por Gran Bretaña. Una gira que nunca tuvo lugar, a pesar de las cifras que vaticinaron. También sabemos, por la narración de algunos testigos, que la llegada de Priscilla, ataviada con un vaporoso camisón púrpura y coronada con una tiara, estilo romano de Las Vegas, provocó un profundo y... sigue leyendo en El Día de Córdoba

*Gracias a un comentario publicado en El Día de Córdoba he podido encontrar la fotografía superior, que tal vez fuera tomada ese 27 de agosto de 1965.

jueves, 27 de agosto de 2015

LA NOCHE CON MÁS ESTRELLAS (27/08/65)

Hace cincuenta años, en la noche del 27 de agosto de 1965, en el 565 de Perugia Way, en Bel Air, Los Ángeles, la astronomía y la música asistieron a la mayor confluencia de estrellas que recuerdan: el encuentro entre Elvis Presley y los Beatles... 

viernes, 14 de agosto de 2015

BIOGRAFÍA AUTORIZADA (EL 2 DE NOVIEMBRE EN LAS LIBRERÍAS)


Carlos J. es una atípica estrella del rock que se enfrenta al reto de componer su álbum más íntimo y personal: Biografía Autorizada. Un trabajo con el que pretende mostrarse tal cual es, por primera vez en su ya dilatada y exitosa carrera musical. Lo que en un principio asume como una tarea fácil, relatar su propia vida, no tarda en convertirse en un proceso extremadamente complicado. Y no solo por la compleja personalidad del protagonista, también, además y sobre todo por una serie de extraños y frenéticos acontecimientos que tienen lugar en su entorno más directo. 

Primero como vocalista de una banda de éxito fulgurante y posteriormente como solista, la trayectoria y vivencias personales de Carlos J. son la excusa perfecta para adentrarnos en los cajones más oscuros del siempre desordenado armario de la fama, para descubrir la cara b de la industria discográfica y, sobre todo, para rememorar todas esas canciones, bandas, recuerdos, series de televisión, películas y estilos que nos han acompañado durante los últimos cuarenta años, de Bob Dylan a Lady Gaga, de los Stones a Dorian, de los Clash a Los Planetas, del calimocho al mojito, de los Beatles a Sexy Sadie, de las hombreras a la barba hipster, de Elvis a Bunbury, de Matzinger Z a True Detective, de Víctor Jara a Quique González, de Juanito a Messi, de 1 globo, 2 globos, 3 globos a Gran Hermano, de la Carta de Ajuste al 3D, de los bocadillos de chorizo a la comida Nikkei, de las cassettes al iPod...
Biografía Autorizada, la nueva novela de Salvador Gutiérrez Solís (Premio Andalucía de la Crítica 2013), es un divertido, irónico e intrigante homenaje a todos esos recuerdos que han surgido a partir de la cultura popular contemporánea y que nos han acompañado durante las últimas décadas, con una especial atención a todas esas canciones que componen la banda sonora de nuestra vida.

jueves, 30 de julio de 2015

VOLVEREMOS

YA no queremos más calor, que no es lo mismo, ni remotamente parecido, que despreciar al verano. Vaya que no. No son daños colaterales establecidos legalmente, aunque estadísticamente las probabilidades aumentan hasta la certeza del termómetro abrasado, que no abrazado. Lo abrazamos en invierno, y también en otoño, esos tiempos de fiebres y gargantas y enrojecidas. Andamos en verano, este verano largo y calentorro, como un trailer de propano recorriendo parsimonioso la Ruta 66. Hemos visto y escuchado mucho esa ruta, más de lo que se imagina, Ry Cooder la ha musicado de maravilla y Wenders la ha filmado más de una vez. Más de una vez, hasta donde se pierde la vista. Recorrer la Ruta 66 es un proyecto vacacional que no he realizado, como tantos otros. Alquilar un ranchera, un El camino estaría muy bien, rellenar de cervezas una nevera de plástico rojo, conducir despacio, admirando ese paisaje que en las películas siempre es el mismo paisaje. Dormir en un motel, habitación enmoquetada y encargado con pinta de aparecer en una película de Gus Van Sant. Preferible a que tenga un cierto parecido con el de Psicosis. Maldito cine, esa escena me ha dejado marcado, de por vida me temo. Si me veo en la obligación de darme una ducha solo, un hormigueo me recorre el cuerpo, pero qué mal ratito paso, de verdad. Me imagino al tío del cuchillo, como el representante más sangriento y terrible de los productos típicos de Albacete, y eso que no tengo cortinilla, pero eso da igual, el miedo permanece. A pesar de los años, y a pesar de las películas. Y es que hay miedos que son como los cantes, de ida y vuelta, y por eso siempre vuelven, como Penélope cantaba tras esa barra almodovariana de aluminio. En realidad, cantaba Estrella Morente, que tiene voz por genética y alma, y Pe movía los labios con desparpajo.
Pues eso, volveremos, antes que después, más temprano que tarde, cuando esos grandes almacenes nos digan que los colegios han abierto sus puertas y los coleccionables se adueñen de los kioscos. Volveremos, claro, con la frente marchita o hidratada, cuídese de las calores y de los rayos de Sol, que aprietan de aquella manera. Pero para volver primero hay que irse, ese verbo que muchos, políticos, entrenadores, gestores, banqueros y demás fauna, tanto temen conjugar, como si quemara en sus gargantas. Hay que saber irse, antes de que te echen, Rajoy y los suyos se perdieron esa clase del colegio, qué lástima, con lo bien que les habría venido. Con lo bien que nos habría venido a todos, me temo. Cuando volvamos en septiembre Rajoy seguirá ahí, en su monólogo auspiciado en la mayoría, y Mas proseguirá con su cansina proclama independentista, cogidito de la mano de Junqueras, y Monterroso creerá que lo de su dinosaurio no fue tan buena idea. Cuando volvamos casi todo continuará tal y como lo dejamos, aunque puede que seamos nosotros mismos los que más hemos cambiado. A veces sucede, no siempre, a veces, cuando las estrellas y los planetas coinciden en ese punto que se cuela en el agujero negro que todos llevamos dentro. Puede tener forma de armario, o metaforizarlo como un armario... sigue leyendo en El Día de Córdoba

viernes, 24 de julio de 2015

DYLAN

Nadie desafina como Dylan. Quiero decir que nadie desafina tan bien como Bob Dylan. Desafina tanto, y lo hace tan bien, que ha convertido su galleo permanente en su propio e inimitable estilo, en su propio arte. Tal vez Dylan instauró esa definición que tanto emplean los críticos para explicarnos la voz de un cantante: estilo personal. Bajo esa etiqueta, estilo personal, me he encontrado a lo largo de mi vida con decenas de voces que bien merecerían estar escondidas y custodiadas en el más profundo de los sótanos, para mantener así a salvo a nuestros delicados oídos de sus ataques. Lo de Dylan es otra cosa, créanme, es de verdad una voz personal. No puedo precisar cuando comencé a escuchar a Dylan, tal vez en la cuna, mis hermanos mayores lo consumían con frecuencia. En realidad, a ellos les debo buena parte de mi “cultura” musical básica, sin duda. Durante un tiempo escuché a Dylan en la clandestinidad, no podía reconocer abiertamente que me gustaba. Aquellos años modernos y encrespados de La movida que no fue igual en todos sitios, precisamente. En Córdoba, por ejemplo, no pasó de pequeña vibración, de lejano eco, que llegó con algunos años de retraso. En ese tiempo moderno Dylan no encajaba, demasiado folkie, demasiado country, demasiado clásico, no era una buena decisión, decían, argumentaban. Curiosamente, las vueltas que da la vida, pero vueltas, a casi todos aquellos modernos de entonces ahora les gusta Dylan, y Lou Reed y hasta los Beach Boys, que tal vez sea el grupo legendario más desconocido de cuantos componen el olimpo del rock. Mucho más que una tabla de surf.
Cuentan los mentideros, y algunas cartas aparecidas en las redes sociales y en algún que otro medio de comunicación, que el Dylan actual es un ser muy quisquilloso, cuadriculado, inaccesible, huraño, amante de su privacidad, puede que se trate de soledad, hasta el extremo de salvaguardarla empleando a guardaespaldas de pocas palabras y músculos en las cejas. Tal vez se trate del Dylan de siempre, o eso nos cuenta la leyenda, aunque las leyendas del rock son verdades a medias o mentiras en una gran proporción, amplificadas, endurecidas, por esas cosas de los años y sus circunstancias. Según cuentan, nunca fue Dylan un dechado de amabilidad, no ha sido nunca su sonrisa una seña de identidad, y a pesar de eso ha conseguido hipnotizar, atrapar, a varias generaciones con sus canciones. Con ese desafinar suyo que es la representación sonora de la belleza de la fragilidad, de la tristeza susurrada, de la emoción que te roza la piel. No solo hay que contemplar a Dylan como un músico o como un poeta, también ha sido puente de las tendencias, innovador partiendo de la tradición. Como buena parte de los genios, Dylan no inventa nada, en su caso concreto reinterpreta el country, es un nuevo folkie, un... sigue leyendo en El Día de Córdoba

martes, 21 de julio de 2015

DEL REVÉS

Una vez más, Pixar deslumbra con una historia narrada desde la inteligencia y la emoción. Del Revés es una fastuosa reflexión de todo eso que pulula en nuestro interior: Asco, Miedo, Ira, Tristeza, Alegría... Y que, en su justa medida, dan sentido y equilibrio a nuestra vida. (¡No abandonar la sala de cine antes de tiempo!).