martes, 15 de enero de 2019

UN LUGAR EN EL MUNDO


Hay días en los que cuesta enfrentarse a la pantalla en blanco, muchos días, y por los más diversos motivos. No todos son tristes, o lastimosos, dolorosos los motivos. A veces es difícil porque esta vida nuestra tiene expresiones maravillosas, esos ratitos buenos que son tan escasos, esos sentimientos que a veces disfrutamos, esos besos, esas caricias, palabras que nos llenan, gestos que nos erizan la piel. A veces cuesta enfrentarse a la pantalla en blanco porque lo que el exterior nos ofrece, la vida real al otro lado de la ventana, puede llegar a ser maravillosa y es preferible disfrutarla que describirla, es preferible sentirla que imaginarla. Es preferible vivir que escribir. A mí, afortunadamente, me sucede mucho, y me siento un privilegiado por ello. Cambio una obra escueta, menguante incluso, por una vida plena, y lo contrario no me apetece sentirlo, por muchos premios, lectores o dinero que me aguardaran al otro lado. Las canas te enseñan el camino de la relatividad, aprendes el precio de las cosas, de los momentos, tienes plena conciencia de tu oficio, profesión o cómo diablos se llame esto. Y lo que se llame esto, y no es humildad, solo aceptación de la realidad, no es tan importante, si Vargas Llosa, Cercas, Vilas, Fernández Mallo, Aramburu, el mismísimo Houellebecq o yo mismo no volvemos a escribir una línea, si no volvemos a publicar un libro, un artículo o un poema no pasará absolutamente nada, nada de nada. Un pequeño/gran disgusto para unos pocos, tal vez una alegría para alguno, pero no se quemarán contendores en las calles ni nadie buscará arena bajo los adoquines, no. Nadie morirá por ello, tampoco nadie sanará, somos la brisa de los días, a veces una caricia, poco más, un segundo en la insignificancia. En un instante imperceptible. No somos tan importantes, y quien pretenda serlo, quien presienta o sienta tal importancia es que no tiene los pies en el suelo y levita sobre su propia arrogancia.
Me enfrento a la pantalla en blanco mientras una niña de rubio pelo rizado y aspecto angelical se enfrenta a la enfermedad en la aislada habitación de un hospital. Que las palabras no surjan, que las ideas se desvanezcan, que los dedos estén paralizados, es un mal insignificante que no estoy dispuesto a catalogar. Me enfrento a la pantalla en blanco mientras miles de inocentes siguen muriendo en el mar, devorados por sus frías entrañas, solo por haber cometido el error, el gran pecado, de haber nacido en un país diferente al nuestro. Me enfrento a la pantalla en blanco con los ojos metidos en la niebla, en la espesura de un inmediato futuro que huele a naftalina y anís seco, a betún de limpiabotas, a tocino y bacalao, a mal pasado, a ese ayer que no creíamos de vuelta y que nos acecha en el siguiente paso. Me enfrento a la pantalla en blanco, esta vez, con la intención de tatuarla de palabras e ideas que llevan demasiado tiempo retenidas por motivos que me sigue costando enumerar.
Tal vez el mundo se rige por ese incomprensible y absurdo orden que nos ofrece Marie Kondo desde su tronera digital. Ese mundo en el que parece que todos tenemos un lugar escogido en el que ubicarnos, pero yo sigo viendo el almacén patas arriba, completamente desordenado y me paso la vida abriendo cajas con la esperanza, como si me tratara de un Forrest Gump, de encontrarlas llenas de bombones. Pero no hay bombones para todos, ni cajas, y me temo que tampoco hueco. Pico y pala para construirnos uno, aunque sea en la fría humedad de la cueva más profunda, aunque no tenga puertas ni ventanas. Pero como las pequeñas plantas que milagrosa e incompresiblemente crecen en las grietas del cemento, la vida y sus sonrisas siguen estando ahí, tan cerca y tan lejos como nosotros mismos las veamos, al alcance de la mano o a mil kilómetros. Ese es el reto, escapar del cemento, de todo lo frío y duro, y buscar tu lugar en este mundo.

martes, 8 de enero de 2019

LA LISTA QUE NUNCA ESCRIBÍ

Y se acabó esta Navidad, que en mi caso particular ha sido extraña, atípica, emocional y difusa. Incluso feliz, de otra manera, sin la expresividad de la felicidad habitual. Ya se marcharon los Reyes Magos, dejando tras de sí una estela de carbón, magia y sonrisas. Y tal vez alguna ilusión maltrecha. En la generalidad siempre hay una excepción, que confirma la regla o la economía de escala, depende. Para este año no he redactado una lista con mis propósitos y enmiendas, ese programa electoral que nunca cumplo, ni aun pactando con mis otros yo. Y es que hay pactos que son un abrazo al diablo o a un erizo en estado de pánico, escoja. Pan para hoy y hambruna venidera, dice el refrán que se suele cumplir, y que algunos no se quieren aplicar. De haber confeccionado esa lista para este 2019, no me cabe duda de que en los primeros puestos habría escrito: abandonar todos los grupos de guasa. Todos, sin excepción. Sí, he dicho todos. Tengo una relación inestable con esta aplicación, la verdad sea dicha, me asquea, divierte, entretiene y aburre con semejantes intensidad y densidad –y hasta velocidad-, y para ello solo me basta saltar de un grupo a otro. Me han explicado, ya varias veces, pero yo no lo termino de entender, debe ser eso, que mi problema radica en que el guasa no es país para la ironía, ni la propia ni la ajena y que por eso no termino de entender ciertos mensajes. Será eso. Lo que tengo claro es que el aburrido, el tocapelotas y el chismoso encontraron su paraíso terrenal, sin olvidar sus aspectos más positivos, que alguno tendrá, digo yo. Durante años, en esa lista que no he escrito para este 2019, siempre coloqué dejar de fumar en un lugar destacado. Ha sido decirlo y el mono se ha colado en mi cabeza –pero cómo es la adicción, siempre ahí, al acecho-. Tres años sin humo cumpliré en este 2019, algo de lo que me siento especialmente orgulloso, por salud, constancia y personalidad. Ahí queda eso. La autocrítica en el congelador.
Recuerdo años en los que necesité más de una hoja para elaborar la lista de propósitos y enmiendas, recuerdo años en los que gasté más de un boli, un bic azul, que eso tiene un kilómetro de palabras, como poco, y a lo mejor me quedo corto. Puntilloso, exigente, inconformista, de todo un poco. Puede que con el tiempo haya entendido, a costa de malgastar hojas y secar bics, que no merece la pena imponerse tanto, que luego no somos capaces, y que, tal vez, con intentarlo, pensarlo, y hasta meditarlo, ya deberíamos estar contentos. Porque en lo esencial, en lo más básico, en la raíz, no cambiamos nunca. Nos retocamos un poco, maquillamos con cal los defectos más graves y evidentes, esas protuberancias de la superficie, y seguimos tal cual. Podemos cambiar alguna coma, algunas frases, pero nuestra particular historia ya tiene su estilo predeterminado. Personal e intransferible, construido a fuerza de años y decenas de listas incumplidas que ya no recordamos.
Si escribiera esa lista que he escrito otros años, para este 2019 tendría que pedir constancia, paciencia y algunas curvas de menos en el camino, que tampoco soy un amante de las carreteras de montaña. Precaución, amigo conductor. Aunque quién dijo miedo, que es un gas paralizante, y bloqueante y no sé cuántas cosas más. El miedo, mejor en el altillo, junto a esas hojas garabateadas con todas las listas que jamás se convirtieron en la realidad de nuestros días. También escribiría otras cosas que me guardo, que son como esos deseos que si se pronuncian en voz alta no se cumplen, y yo comparto ese miedo. Vaya, otra vez me ha salido la palabreja, y no, fuera, que al final tendré que hacer una lista y escribir en primer lugar No Miedo o Prohibido Pronunciar la Palabra Miedo. Aunque el esconderlo no te impide sentirlo. En cualquier caso, lo ignoro en la despedida y trataré de ignorarlo en los días por venir, en este nuevo año que se extiende como una niebla escocesa ante mi mirada. Comenzamos, con o sin lista, es indiferente, el camino y la vida forman parte de los propósitos y enmiendas. Papel y boli.

jueves, 3 de enero de 2019

UN AÑO DE MÚSICA (ESPAÑOLA)


No es un repaso musical de este 2018 que se apaga como una vela en la tormenta, para eso están los suplementos culturales, los especialistas y los centros comerciales. Solo se trata de compartir la música que he escuchado en los últimos meses y que necesariamente no se ha publicado en 2018, pero que yo sí la he disfrutado en este tiempo. Pero voy a decir la verdad, necesito hablar de Rosalía y no sabía cómo hacerlo. Pues sí, yo también considero El Mal Querer un discazo, una obra cumbre que será recordada, un nuevo punto en la geografía musical nacional e internacional. Me fascina esa arquitectura minimalista, ese flamenco emotivo –o lo que sea- desplegado en cuentagotas, ese duende electrónico. Y me encanta todo lo que rodea a Rosalía, esos vídeos que parecen rodados por el mejor Bigas Luna, esa pinta cani de electrodiseño, con frecuencia gracias al cordobés Palomo Spain, y esas declaraciones con tanto arrojo y firmeza, muy consciente de todo lo que hace y ofrece. Y es que por gustar, me han gustado hasta los memes, especialmente delirante aquel en el que competía en protagonismo con la Casa Real. No mencionaré al C Tangana, tampoco a Niño de Elche. En 2018 un grupo español, incluido en esa difusa categoría denominada indie, congrega a casi 40.000 personas en un concierto. Vetusta Morla mantienen esa frescura juvenil de sus comienzos, pero ya es una banda plenamente asentada, que tal vez debería aventurarse a dar un salto exterior. Tal y como hicieron, años antes, Héroes del silencio el primer grupo español que llenó estadios, dentro y fuera de nuestro país. Enrique Bunbury no solo sigue en activo artísticamente, que a veces suena a expresión lastimera, es que sigue estándolo a un nivel muy alto creativamente, lo que le permite ofrecer espléndidos trabajos, como es Expectativas, además de unos directos memorables, con seguridad los mejores de su carrera, en gran medida gracias a la compañía de Los Santos Inocentes, la banda que le acompaña.

Coque Malla es otro veterano con ímpetu juvenil. Lo que ha cosechado en los últimos años, y muy especialmente en este 2018, no es más que la lógica consecuencia de una de las trayectorias más sólidas, coherentes y brillantes del rock nacional. Volvamos al indie, aunque ya nadie quiera ser indie. Sidonie y Lori Meyers han cumplido 20 años de trayectoria, y lo celebran con recopilatorios y demás festejos. En este 2018 he descubierto a Viva Suecia, que considero la mejor noticia de la música española en los últimos años. Tanto en directo como en estudio, el suyo es un sonido genuino, personal, afilado y emotivo al mismo tiempo, que escapa, verdaderamente, de cualquier etiqueta. Llámelo Rock, que acertará. En su siguiente disco, en fase de grabación, han de revalidar todos los halagos, y tengo la impresión que lo lograrán, sobradamente. En este apartado de descubrimientos, anoto el aparatoso nombre de Rufus T Firefly, psicodelia vitalista y ecologista, que todo es posible, claro que sí. Más que interesante, igualmente, la banda paralela de Víctor, cantante de Rufus, Mucho, y que puede entenderse como su versión más Pop. No me olvido de otros murcianos, Second, que han regresado con nuevo trabajo. Espero que sea el que definitivamente les empuje a los escalones que realmente merecen, más arriba de la escalera.

Todas estas bandas, la música, no existirían o no las conoceríamos sin los canales de difusión. Una buena noticia de 2018 ha sido el regreso de la música en directo a la televisión. No era tan difícil, bastaba con querer. Y ahí tenemos a La Hora Musa, en La 2, Sesiones o Canciones que cambiaron el mundo, ambos programas de Movistar, para demostrarnos que la música en vivo tiene su público, como poco el mismo que llena los festivales. Acabemos hablando de ellos, de los festivales, que se han convertido en una especie de Alemania –con respecto a Europa- de la economía musical española: es mucho el dinero que mueven, porque somos muchos los consumidores. Que algunos son auténticos batiburrillos estilísticos, indiscutible, que bastantes son calcos de otros, claro, los nombres que giran son los que son, y que pueden llegar a ser caros, depende, haga la cuenta. Con sus ventajas y sus inconvenientes, propician que haya algo parecido a una industria musical en nuestro país, demostrando que economía y cultura pueden ir en la misma frase. Que no es poco. Porque mientras la música siga sonando, habrá esperanza. 


martes, 25 de diciembre de 2018

ALGUNAS BUENAS SERIES DE 2018 (QUE RECUERDO)



Oye, que le he cogido gusto a esto de las recomendaciones/repasos/resúmenes anuales, y si las dos últimas semanas rescaté algunas lecturas recientes, esta semana la vamos a dedicar a las series de televisión que he visto, claro. Y prometo que no voy a volver a repetir eso de que tal vez el mejor cine de nuestros días se emita en nuestras televisiones porque ya está muy visto, aunque sea cierto. Y Roma, la vibrante y descomunal obra maestra de Alfonso Cuarón es un gran ejemplo. No me cabe duda de que su emisión en una plataforma digital supone un antes y un después en el consumo cultural audiovisual, una puerta abierta a un nuevo modelo que solo el tiempo nos dirá si es positivo o negativo, o todo lo contrario, váyase usted a saber. Comienzo el repaso con una gran noticia: la producción nacional de calidad, más allá de las comedietas de turno, ya no está compuesta por la excepcionalidad y este 2018 que concluye tal vez suponga un cambio de ciclo. Comenzamos con una serie formidable a cargo de la pareja más en forma de la cinematografía nacional, el director Alberto Rodríguez y el guionista Rafael Cobos, y su espléndida La Peste. Manufactura de alta calidad al servicio de una trama que no decae, eléctrica, intensa y deslumbrante en su iconografía. El día de mañana recrea con gran acierto la estupenda novela de Martínez de Pisón, ofreciéndonos una realista estampa de aquellas Barcelona y España a las puertas de su nueva definición. Que Fariña haya triunfado en lo que ya podríamos definir como género “narco”, es digno de elogio, si tenemos en cuenta los rivales. Notable debut el de Enrique Urbizu con Gigantes, dejando constancia una vez más de que es un maestro del género. La casa de papel no es una serie maravillosa, al menos no para mí, pero es justo reconocer que es un producto que se deja ver, que entretiene y que maneja a la perfección los mecanismos del thriller. Además, debemos entender como una estupenda noticia que una producción nacional triunfe en medio mundo, claro que sí. Finalizo el repaso nacional con dos comedias que escapan al canon tradicional patrio: Vergüenza y Paquita Salas. Javier Gutiérrez sigue en estado de gracia y lo demuestra generando animadversión y algo más gracias a ese fotógrafo “artístico” que recrea en Vergüenza, y los Javis construyen, con pericia e ingenio, una trama metatelevisiva a partir de nuestra memoria sentimental audiovisual.

En cuanto a la producción internacional, sigo fiel a Ray Donovan, que en su sexta temporada remonta el vuelo, y de qué manera. En eso coincide con Ozark, que se mantiene en un equilibrio complicado. No puedo decir lo mismo de El cuento de la criada, esa distopía que alguna opción política nos plantea, y que en su segunda entrega roza en algunos momentos lo que bien podríamos definir como pornografía de la violencia. Y seguimos con los paralelismos, lo mismo puedo decir de The Sinner, si la primera entrega me conmovió, la segunda apenas me ha entretenido. De verdadera conmoción el papelón que se marca Amy Adams en Heridas abiertas, espléndida en esa tortuosa y adicta periodista que se reencuentra con todos sus orígenes.
The Walking Dead y House of Cards coinciden en alimentar zombies que nunca resucitarán, mientras que Fear The Walking Dead ha entregado una temporada sobresaliente, por su calidad y por el amplio abanico de posibilidades futuras que ofrece. A pesar de su –ausencia de- velocidad, más que aceptable Trust recreando al emporio/familia Getty y el secuestro de uno de sus miembros. Salvaje y desoladora La purga, dantesca metáfora que algún partido estará tentado de incorporar en su programa electoral, pero no solo 12 horas al año –me temo-. Espléndida Narcos México, y eso que lo tenía complicado tras las dos últimas temporadas, y, además, sin la acaparadora presencia de Escobar. Me divierte el humor malvado de Killing Eve, tan bien representado por Jodie Comer y muy convincente el American Crime que narra el asesinato de Versace, con una deslumbrante, por teñido e interpretación, Penélope Cruz. Fueron algunas más las series vistas, pero me temo que no superaron la barrera del recuerdo. El año que viene más, ya no sé si mejores. 

jueves, 20 de diciembre de 2018

FELICES LECTURAS (II)


Segunda entrega por este periplo de lecturas recientes, recomendables para regalar, o para consumo propio, regálese un libro, quiérase, claro que sí, que es una forma de amor puro. Amor, su búsqueda, es lo que plantea Pablo Aranda en La distancia, que ha publicado Malpaso. Excelente novela de este autor malagueño, irónico y seductor siempre en su narrativa, tal y como vuelve a evidenciar en su ultima y envolvente  entrega. Novela a la contra, porque mientras hay quien proclama y solicita una muralla que nos proteja de los invasores del Sur, del más Sur, Aranda traslada a su protagonista a Marruecos en un viaje emocional, cuando no un intento de escapada en forma de reencuentro. O de resurrección. El peso de pasado permanece y fluye en esta historia narrada con sensibilidad, pulcritud y elegancia, emocionalmente hipnótica, donde el presente es un poro, y hasta un pozo, abierto al ayer. Hablemos de Rock, con mayúscula, claro que sí, y hablemos de Literatura, también en mayúscula, que por supuesto es posible (de vez en cuando es posible). Y comencemos con un título que considero, de principio a fin, una auténtica joya literaria: Reacciones psicóticas y mierda de carburador. Prosas reunidas de un crítico legendario: Lester Bangs, con traducción de Ignacio Juliá, que ha publicado Libros del Kultrum. Lo primero que se me vino a la cabeza tras leer los textos de Bangs es en todo lo que nos hemos perdido de un autor que estaba llamado, y no me cabe duda, a ser uno de los grandes cronistas, y no solo desde un punto de vista musical, de nuestro tiempo. Y a continuación pensé en cómo agradecerle a Greil Marcus este ingente trabajo compilatorio y a Kultrum por haberlo traído a nuestro país. Muchos conocimos a Bangs gracias a la portentosa interpretación de Philip Seymour Hoffman en Casi famosos, y he de reconocer que desde ese momento hice todo lo posible por adentrarme en su fastuoso universo. Como un nuevo Balzac, en los sótanos más oscuros del palacio del Rock, o como una reconversión Rock o Punk de Tom Wolfe, Bangs es un ejemplo de talento, compulsión, ingenio y erudición. Y este libro es una deliciosa lectura que disfrutarán tanto los amantes del Rock como los de la buena Literatura. Un libro que se abraza a la leyenda.
También publicada por Malpaso, Cured es, por encima de todo, la historia de una amistad. Y encima de ese todo encontramos a Lol Tolhurst, baterista, teclista y miembro fundador de The Cure, encontramos a Robert Smith, el gran líder mesiánico, y por supuesto encontramos a la propia y mítica banda. Para escribir esta su historia, Lol ha tenido que dar un gran rodeo, con una larga parada en el infierno, o en la estratosfera, antes de regresar a la realidad. Expulsado el odio, el rencor, conectado de nuevo con el presente, Lol nos ofrece una espléndida semblanza de una de las más grandes bandas de los últimos 50 años, The Cure. Y lo hace desde la primera e íntima inocencia, donde la ignorancia es un escudo de valentía, y también lo hace mostrando el vertiginoso camino que une la gloria con el fracaso, y que el autor ha conocido sobradamente. En Cured, Lol, a diferencia de lo que sucede en otros libros “musicales”, no se queda en el decorado y entra de lleno en las interioridades de la banda, en los recovecos de la industria musical y en los procesos creativos.

Y para finalizar un libro visualmente muy atractivo y divertido, y que puede ser el anzuelo perfecto para captar la atención de los más pequeños y así poder demostrarles que todo no empezó con Borat, Maluma o Rosalía (¡sí, he escrito Rosalía!). Historia ilustrada del Rock, de Susana Monteagudo y Luis Demano, y publicada por Litera, es una obra necesaria por muy diferentes motivos: por su pedagogía, por su capacidad de síntesis, por su claridad y por su visibilidad, propiciando que sea un objeto muy bello y de gran profundidad, al mismo tiempo. Obviamente, tal y como sucede con el seleccionador nacional de fútbol, podremos discutir la presencia más o menos breve de Prince o AC/DC, por ejemplo, o la excesiva de X, pero nadie podrá cuestionar el valor de este libro que puede ser el pretexto perfecto para adentrarse en el Rock, desde sus inicios hasta nuestros días. Música y Literatura, excelente combinación en estos tiempos de basura y miedo, de ultras y retrocesos. La cultura como armadura y refugio, y que nos seguirá haciendo libres, aunque las tinieblas nos acorralen.

martes, 11 de diciembre de 2018

FELICES LECTURAS (I)


Cada día tengo más claro que los libros, la lectura, la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, nos hace más libres, mejor informados, y la suma de adeptos incidirá en una sociedad más culta, más inquieta y mejor informada, que siempre es el mejor antídoto con el que combatir los fanatismos, los extremos, la radicalidad, que siempre son la puerta abierta a la involución. Esa involución que ya está aquí. Por tanto, libros para espantar la pesadilla, libros para pensar, y libros para disfrutar en este tiempo que llega, en el que se suelen regalar, el que pueda o quiera, claro. Pero en caso de duda, siempre, regale un libro, porque hacerlo no solo supone que quieres o que sientes afecto por la otra persona, también que la estimas, la tienes en consideración, esa expresión que me fascina. Se trata de querer, de amar los libros, tal y como proclama Juan Bonilla en La novela del buscador de Libros, que ha publicado la Fundación José Manuel Lara. Un delicioso texto en el que Bonilla no solo nos desvela sus grandes pasiones literarias, también su querencia, a ratos extrema, por el objeto, por el papel impreso. Ediciones imposibles del Lolita de Nabokov, del Rayuela de Cortázar, encuentros con Alberti o Quiñones, Literatura en estado puro. Contagia Bonilla ese amor por los libros que nos cuenta, mediante un texto tan brillante como emocional, jubiloso en todo momento. Me ha vuelto a sorprender Helen Garner, con esa narrativa seca pero precisa que exhibe, en esta ocasión en La casa de los lamentos. Crónica de un juicio, que ha publicado Libros del K.O. Una trama que en cierto modo nos puede recordar al caso Bretón, ya que Garner nos relata con apabullante realismo un juicio real, a Robert Farquharon por su supuesta responsabilidad en la muerte de sus dos hijos, en un accidente automovilístico, en 2005, tras separarse de su esposa. Impecable trazado narrativo de toda la secuencia, apoyado en un deslumbrante retrato psicológico de los protagonistas. Alta Literatura la que nos ofrece Garner en su nueva entrega.

A estas alturas del año, no me cabe duda de que Trilogía de la Guerra, de Fernández Mallo, El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández y Feliz final de Isaac Rosa, de nuevo en Seix Barral, componen el podio de las novelas escritas en español que más me han impresionado/gustado en este 2018 que finaliza. Que Rosa es una de las grandes voces narrativas de los últimos años vuelve a quedar de manifiesto en su nueva novela. Una obra de amor, sí, de amor he dicho, en la que se disecciona desde la miopía hasta el astigmatismo las relaciones de pareja, desde todos los ángulos posibles. Una novela que te emociona, que te enfada, en la que te sientes identificado con frecuencia, ya que muchas de las escenas relatadas bien las podríamos haber protagonizado cualquiera de nosotros. Hay pasajes realmente memorables en Feliz final, cuando la realidad se asoma al absurdo, hasta el punto de robarnos la carcajada, como vía de escape del sonrojo propio. Feliz final tal vez sea la mejor disección que se haya realizado del amor, o de las relaciones de pareja, en estos tiempos de velocidad y olvido. En estos tiempos del solo hoy, ayer borrado y mañana en la distancia ignorada.
No creo en los milagros pero ha amanecido. El último bloque de recomendaciones literarias está protagonizado por Javier Sánchez Menéndez, en esta ocasión en sus facetas poética y de compilador/antólogo. Chamán Ediciones ha reunido toda su obra poética, desde 1983 a 2017, en un volumen titulado También vivir precisa de epitafio y que ha sido editado por José Luis Morante. Poemas y poesía con pretensión de permanencia, siempre en batalla contra lo vacuo, lo superfluo y la facilona cultura low cost de digestión instantánea. Desde esta perspectiva, no es de extrañar que Sánchez Menéndez haya dedicado los últimos años a estudiar y recopilar la obra poética de María Zambrano, y que ahora ve la luz en un volumen titulado María Zambrano. Poemas, publicado por La Isla de Siltolá. En el clarificador y apasionado texto introductorio, Sánchez Menéndez escribe: Toda su obra es una glosa permanente, de insólitos alcances para el pensamiento. Y María Zambrano escribió: Allí donde alumbran más claramente los símbolos están los lugares del sueño. Sueños, realidades, como en los libros recomendados. La semana que viene, más. 
 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

ULTRAS


Me gustaría escribir sobre el maravilloso disco de Depeche Mode, titulado de ese modo, Ultra, y en el que nos ofrecían una colección de canciones tan grandiosas como atemporales. Y también me gustaría escribir sobre la revista del mismo nombre, a veces V-ltra, de plena vigencia en el primer tercio del Siglo XX y por cuyas páginas desfilaron autores de la talla de Rosa Chacel, Vicente Huidobro, Buñuel o Gómez de la Serna. Pero no, estos ultras de los que hoy escribo no tienen nada que ver con la cultura, no han supuesto nada y espero que no supongan nada en el futuro, a pesar de que el panorama internacional, e igualmente el nacional, me empujen a creer lo contrario. Están ahí, al acecho. Yo lo descubrí esta pasada semana, cuando tuve el “atrevimiento” de criticar en un tuit sus propuestas electorales sobre igualdad y Violencia de Género. Días después he seguido recibiendo respuestas, descalificaciones e insultos por diferentes canales, porque parece ser que hasta Twitter se les ha quedado pequeño. Eso sí, en un 99% por medio de cuentas falsas, supuestamente alimentadas por nombres absurdos y avatares grotescos, imagino que robots la mayoría, manejados por el estratega de turno, pagado con no sé qué dinero. Con lo que me demuestran, para mi temor y desconcierto, que cuentan con medios, que están organizados, que ya no son tres islas perdidas en mitad de un océano de normalidad. No. El océano, hoy, gracias a estos personajes, y a quienes los alientan, de un modo u otro, es mucho más peligroso, más duro, más frío y abisal. Sin embargo, yo voy a seguir remando, cuando pueda, como pueda, en esta tronera, en un tuit, en un comentario, en un post, y estos personajes, reales o robotizados, no me van a callar. Me podrán seguir incordiando o insultando que no lo van a conseguir, porque eso es precisamente lo que quieren, lo que siempre han querido y que no es otra cosa que una sociedad callada, dominada y atenazada por el miedo, obediente, sumisa. Conmigo que no cuenten, siempre me tendrán enfrente y siempre me tendrán advirtiendo a mis posibles lectores de sus peligros, de la amenaza real que suponen.
Y hoy lo vuelvo a repetir, derogar la actual Ley Contra la Violencia de Género es una aberración que no merece ninguna discusión, ni un solo segundo le voy a dedicar al tema. Es como discutir sobre las bondades de respirar. Como también es una aberración combatir el feminismo como si se tratara de un nocivo elemento que nos contamina, porque es justamente lo contrario. Es perverso, incluso inmoral, utilizar las supuestas denuncias falsas, que son insignificantes si tenemos en cuenta las miles de mujeres que padecen la Violencia de Género, como arma arrojadiza en el enfrentamiento político. Cómo explicarles que determinados asuntos no se pueden manipular, manosear, que el fin no justifica todos los medios. Y sí, yo también los considero machistas, y me parece pingüe el adjetivo. Las políticas sobre inmigración que promulgan, aparte de ilegales, ya que atentan contra la normativa internacional, son absolutamente inhumanas, desprovistas de cualquier valor que tenga que ver con la solidaridad, negándoles todo a quienes no tienen nada. Y no hablemos del apropiacionismo que realizan de los símbolos nacionales, aunque a veces tengo la impresión de que les gustaría exhibir otros, de ese pasado infame del que no repudian.
Me preocupa mucho, muchísimo, que haya partidos políticos, supuestamente normalizados en el espectro democrático español, que consideren que comparten ideas y planteamientos con esta radicalidad y que lleguen a considerar como una posibilidad real el alcanzar acuerdos de gobernabilidad. En cierto modo, por todo lo que supone de engaño a sus posibles electores, este camaleonismo político puede llegar a resultar más peligroso de lo que imaginamos, al convertirse en una especie de Caballo de Troya, de atajo, propiciando la llegada de los ultras a las instituciones. Y todo no vale. Un brindis en la despedida, claro que sí, yo también brindo por España, pero por una España en la que estas ideas no encuentren nunca acomodo en los asientos de ningún parlamento, por una España generosa y solidaria con el que lo pasa mal, por una España entre iguales. Por una España del SÍ. Por una España en la que la inmensa mayoría nos sintamos cómodos, porque la radicalidad no es representativa.