miércoles, 1 de agosto de 2018

CUATRO LIBROS PARA AGOSTO


Hay quien mantiene que si Kafka o Balzac buscaran hoy editor lo tendrían crudo, pero yo no comparto esa teoría. Tal vez no publicarían en una “gran editorial”, pero seguro que sus obras acabarían en las librerías, porque afortunadamente contamos con una serie de editoriales que sí apuestan por la calidad literaria, y hoy les muestro cuatro ejemplos. Ese dicho sobre ramas, árboles y bosques también es aplicable para todos esos libros maravillosos que nos perdemos, o que no nos dejen ver, escondidos entre la desmesurada producción, la mercadotecnia y la desproporcionada potencia de los grandes grupos editoriales, que también suelen ser grandes grupos periodísticos. Aparto las ramas, y le muestro cuatro títulos que pueden ser compañeros ideales en este mes de agosto, tanto si anda de vacaciones como si no, nunca le dé descanso a la lectura, que se atrofia y los lomos se agolpan en las mesitas de noche. El primero de ellos es una colección de relatos: Fantasmas de la ciudad, de Aitor Romero Ortega, que ha publicado la siempre diferente, y por eso tan necesaria, Editorial Candaya. La narrativa de Romero Ortega es de una belleza, de una cadencia, muy difícil de encontrar, emocionante, lúcida y vibrante. En los relatos contenidos en este libro, algunos de ellos sencillamente maravillosos, yo quiero pasar muchas noches en Hotel Torino, hay un desfile de personajes reales, Dylan, Trotsky o Kubala, e imaginarios, así como de espacios geográficos, habitaciones, puertas, pasillos o ciudades, Barcelona, Madrid, Buenos Aires o París, que embarcan al lector en una apasionante y estimulante travesía que cuesta, y mucho, finalizar. 

La ironía, que tan bien maneja Pilar Fraile, comienza con el título de su novela: Las ventajas de la vida en el campo, publicada por Caballo de Troya, en esta ocasión bajo la dirección de Mercedes Cebrián. Como en esas paredes blancas, perfectas en su ejecución, que se desmoronan al primer impacto, dejando a la vista tierra, ladrillos mellados e inconsistentes trozos de madera podrida, sucede en esta novela que cuesta no leer de una sola tacada. Y es que la historia que plantea Pilar Fraile, aparentemente inofensiva, o neutra, en un primer instante, no tarda en convertirse en una disección de sus personajes, de un estilo de vida y hasta de una nueva tendencia, que bien podríamos definir como una ‘nueva ruralidad’. Espléndida novela si apuesta por unas vacaciones en el pueblo o en la montaña, aunque en la playa también se lee con semejante facilidad. Joaquín Dholdan escribe como habla, que en su caso, para quien nunca haya escuchado su voz, supone escribir muy bien. En Genios del fútbol, publicada por la sorprendente e imaginativa El Paseo, este escritor uruguayo afincado en Sevilla funde en su narrativa, repleta de texturas y tersura, las que se pueden considerar sus dos grandes pasiones, el fútbol y la Literatura. Y lo hace rescatando las reflexiones de consagrados creadores, de todas las disciplinas, que disfrutaron de este deporte, tanto de una manera pública como privada. A pesar de su título y temática, no es Genios del fútbol una obra dirigida exclusivamente a los forofos, la disfrutarán por igual todo tipo de lectores, aunque aquellos que amamos el fútbol sentiremos ese pellizco tan familiar.

Y para finalizar, un libro sobre música, sobre aquel estilo, tan genuinamente nuestro que denominaron rock andaluz. Todavía me cuesta dilucidar si duró mucho o poco, si permanece aún vivo, o si apenas existió, en cualquier caso su germen y trayectoria, su evolución y hasta involución, así como sus principales protagonistas los recupera, enumera y narra de manera primorosa Ignacio Díaz Pérez en su Historia del Rock Andaluz, que ha publicado Almuzara. Y para ello, este periodista y escritor se cuela tras la barra del mítico Don Gonzalo y nos recupera a los grandes protagonistas de este estilo musical que sigo sin tener claro si fue solamente un elemento transitorio, dentro de un proceso evolutivo más amplio, o una fugaz pero intensa llamarada que duró demasiado poco. Saque sus propias conclusiones, tras la lectura de este libro. Leía la pasada semana, que olvidamos los libros que leemos y que nos acordamos más del contexto que del contenido. Con estos cuatros libros que le he recomendado no le sucederá. Los recordará y recordará a sus autores en el futuro. Hasta septiembre.

martes, 24 de julio de 2018

PALOMO


No me cabe duda de que sin personas rupturistas, que son capaces de ofrecer un nuevo vocabulario, un nuevo discurso, que por supuesto nos es imposible comprender o asimilar, ya que está en clave de futuro y nosotros mal sobrevivimos al presente, este mundo nuestro seguiría dormitando en las cavernas y apenas habríamos evolucionado. A esas personas que nunca entenderemos, que incluso rechazaremos, de las que nos mofaremos y desconfiaremos hasta la desconfianza más absoluta, jamás les podremos agradecer lo suficiente que colocaran los peldaños de hoy y que hoy coloquen los peldaños de la escalera que nos ha de conducir al mañana. El que no los entendamos es la evidencia más concreta y evidente de nuestra ceguera, proyectan una luz a la que no estamos acostumbrados; la desconocemos. Visionarios, adelantados, genios, en fin, son muchas las palabras a las que podemos acudir para definir a estas personas que han tenido la fuerza, la habilidad y el talento para agarrar las páginas de nuestra historia y hacerlas pasar una a una, capítulo a capítulo, y aquí seguimos, sin llegar al punto final, que esperemos sea todavía muy lejano, a pesar de Trump, Putin y demás fauna, empeñados en lo contrario. Por eso comparto esa teoría que dice aquello de que los genios, de cualquier ámbito, son los únicos que se equivocan, ya que nosotros estamos instalados en la mediocridad, en la mitad de la mitad, y nunca alcanzamos la cima, como la alcanzan ellos. Y por eso, cuando se equivocan, porque también se equivocan, sus equivocaciones son más visibles, más gruesas. Pero a pesar de eso, son los herederos de las cimas, y desde ellas, en lo más alto, nos señalan el camino a seguir.
Por todo lo anteriormente expuesto me declaro fan total de Palomo Spain. Y si ahora tuviera 20 años, que no son ni serán como los veinte años que disfruté, no descartaría enfundarme alguno de sus modelos. Y no me mire con esa cara, que estoy hablando completamente en serio. Me habría encantado hacerlo porque eso habría supuesto que a mis veinte años hubiera disfrutado de la libertad, mucho más allá de la sexual, que exhibe Alejandro Gómez Palomo, más conocido como Palomo Spain. Hablamos de libertad en el más amplio sentido de la palabra. Porque la obra de Palomo Spain se arma y desarrolla sobre un sentimiento que debe ser el principal argumento de cualquier creador que se precie: la libertad –plena y absoluta-. Entendida como universalidad, como espacios sin fronteras, sin condicionantes de ningún tipo, sin género ni calificación. Sin pensar en el qué dirán, en esto quién se lo pondrá, pura creatividad. Libertad para cubrir a sus modelos con los vestidos y trajes que diseña, tal y como pudimos ver en su fastuoso y deslumbrante desfile en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, denominado Wunderskammer, incluido dentro de la Semana de la Moda de Madrid. Una vez más, Palomo no dejó a nadie indiferente, y cada nuevo diseño era recibido y comentado desde la admiración, la conmoción, la emoción y la incomprensión. Porque por si algo se distingue Palomo es porque no es neutro. Afortunadamente, que ya tenemos demasiada neutralidad, corrección e hipocresía almacenada en la alacena.
Me deslumbra y emociona ese atrevimiento, ese derroche de creatividad y de talento que Palomo exhibe en cada nueva propuesta o en cada frase. Admiro su naturalidad, su absoluta libertad, insisto. Naturalidad para hablar de sus orígenes, en Posadas, cuando utilizaba los retales de las cortinas que cosía su abuela para vestir a sus barbies, o de sus encuentros en el establecimiento familiar. No me cabe duda de que parte de esa naturalidad/libertad Palomo se la debe a su familia, que nunca ha supuesto un freno o un lastre para su desarrollo creativo o personal. Una prueba más de la importancia de la educación, de la enorme huella que nos deja en la infancia y que nos marca, para bien o para mal, el resto de nuestras vidas. Desde esa atalaya suya, tan particular, tan diferente, tan fresca, Palomo está haciendo mucho más de lo que él mismo podría imaginar por el colectivo LGTBi, introduciendo en nuestras vidas esa normalidad que durante tantos años ha formado parte de la oscuridad o del tabú. Espero que siga siendo como es, puro, sin condicionantes, excesivo y expresivo, creativo, genial, y que nos siga adelantando el futuro.

lunes, 16 de julio de 2018

DE HÉROES


Si de la historia del Titanic, que acabó como acabó, se rodó una película que durante años ha ostentado todos los record fílmicos imaginables, no me cabe duda que de la pérdida, descubrimiento y rescate de los 12 niños tailandeses van a caer libros, series y películas, y hasta puede que un cómic, que esta historia en viñetas puede quedar la mar de chula. Yo la película la veo dirigida por James Cameron, con el peligro de que acabemos hartándonos de tanto submarino, o por Bayona, que de agua y de efectos especiales entiende un rato o por David Fincher, que seguro le encuentra un lado oscuro al entrenador. La ruede quien la ruede, se tratará de una película heroica, marcada por la épica de estos 12 pequeños jabatos que durante casi tres semanas nos han dejado sin aliento. Probablemente, todos los días hay gestas más heroicas en el mundo, mas trascendentales, más necesarias y humanitarias, pero la gran diferencia estriba en que ésta nos la han contado en directo, nos la sabemos de memoria. Los héroes, con una cámara al lado, son más héroes, y si no que se lo pregunten a nuestro Rafa Nadal, en su ya mítica exhibición ante Del Potro. Nos salpicó su sudor y sentimos la humedad de su camiseta, como la sintió esa sonriente señora sobre la que cayó en un intento por salvar un punto imposible. La atracción por lo imposible, o la ruptura de lo cotidiano, da igual, nos atrae lo diferente, lo no habitual, aunque nosotros nos refugiemos en lo habitual, en lo cotidiano, por simple comodidad. No es comodidad, es miedo, y usted lo sabe perfectamente. Regreso a los jabatos tailandeses, los ojos se me llenaron de lágrimas cuando por fin los rescataron de las entrañas de Tham Luang, esa cueva con nombre de plato en restaurante asiático caro, porque los restaurantes asiáticos, a diferencia de los restaurantes chinos, que son los de toda la vida, con sus rollitos primavera y su cerdo agridulce, son caros, porque, entre otros motivos, se curran los nombres. Tráeme un Tham Luang, eso queda bien, y hasta podemos imaginarnos el plato, con su salsa colorista, tono carmín laca de uñas, y sus algas y demás.
La Juve tiene un nuevo héroe, el que lo fue del Real Madrid durante las últimas 9 temporadas y 451 goles, que se dice pronto. Divida. Y sí, defraudador de impuestos, maleducado, egocéntrico, a ratos impresentable, hortera y hasta dos docenas de adjetivos más le caben, sin duda, pero seguramente no vuelva a ver a un jugador de ese calibre, tan legendario, tan inmenso en mi equipo. Hablamos de fútbol, ojo, del jugador, que nos pasaría lo mismo con otros héroes/genios de cualquier disciplina. Mejor no conocer las tripas de Picasso, Cervantes o Juan Ramón, vaya que nos topemos con un Harvey Keitel o con yo qué sé quién, qué miedo. Margaret Atwood, ahora célebre por su Cuento de la criada, esa distopía que no es tan distópica, más o menos sentenció: Querer conocer a un escritor porque te gustó su libro es como querer conocer a un pato porque te gustó su hígado. Pues eso, qué más decir cuando está tan bien dicho. Y eso que he degustado alguno de Canard que me han entrado ganas de sacar a bailar al pato. Hígado graso a base de goles y más goles, el competidor perfecto, la permanente ambición. Hasta siempre, Bicho.
Faltó que el rescate de los jabatos tailandeses coincidiera con el prime time de la CNN para que ya hubiera sido la gran gesta global de la época moderna. Y es que necesitamos héroes, heroínas, personas que no escriban en los mismos renglones que nosotros, y que lo hagan, además, con otra letra, y que nos cuenten otras cosas, que las nuestras ya nos las sabemos y conocemos hasta el aburrimiento. Sigo dándole vueltas al posible director para la película, y Alberto Rodríguez también lo haría muy bien, con guión de Rafael Cobos, por supuesto, porque contaría con esa épica salvaje y esencial de los personajes de Peckinpah, Sam para los amigos, que tan bien han digerido los cineastas sevillanos. Ese héroe que llevamos dentro y que, como el airbag, solo exteriorizamos en las situaciones extremas, y a veces hay vidas sin situaciones extremas. Aunque vivir, sea del modo que sea, en caja fuerte o a la intemperie, siempre tiene algo de extremo. Al final, como cantaba el bueno de Bowie, todos podemos ser héroes, aunque solo sea un segundo y no haya delfines en el mar.

martes, 10 de julio de 2018

MEDINA VERSUS EL VALLE



Deberíamos leer más a Valle, que sigue siendo vigente y actual, y hasta moderno, y no dedicarle ni un solo segundo al Valle, más conocido como el de los Caídos, monumento al dolor y al terror más grotesco que uno pudiera imaginar. Pero volvemos a hacerlo, cuando se acerca la gran fecha/facha del fascismo patrio y de la infamia mayor que este país haya conocido, y eso que coleccionamos este tipo de fechas –fachas-, a lo largo de nuestra historia. Regresa el legado de Lorca a su tierra, a su Granada, a Andalucía, a las que tanto amó, pero siguen sin aparecer sus restos, perdidos en el olvido de los tiempos. Franco sí sabemos donde está, en su cateta pirámide de faraón sin rimel, que no es donde nos gustaría que estuviera, a una gran mayoría. Carmen ya es Duquesa de Franco, ese título del que cualquier persona con la menor humanidad y dignidad renegaría, despreciaría, pero que ella luce orgullosa. Se celebrará con su correspondiente misa en el pazo, no me cabe duda. El asesinato de Víctor Jara por fin es juzgado y sentenciado, 18 años de cárcel para los policías que torturaron y asesinaron al creador de la inolvidable Te recuerdo Amanda. Aquí, en nuestro país, contagiados de ceguera y olvido, Billy el Niño cobra un suplemento en su pensión porque sigue poseyendo la medalla al mérito –con minúscula-, cuando todo lo que hizo fue un demérito y un delito. Un insulto. La Memoria Histórica, esa asignatura pendiente. Deberíamos leer más a Valle, hiperbólico y sublime, adelantado y gaseoso, esperpento y clarividencia, para impregnarnos o curarnos de ese españolismo de barraca y feria que uno puede encontrar en Luces de Bohemia o en Tirano Banderas, que es un adelanto de lo que vino después, y que concluyó en ese Valle de los Caídos, pero qué nombre más mal escogido, porque no representa a nadie, o porque ninguno de los caídos fueron allí a parar. La paradoja también adopta forma terroríficas.
Medina Azahara representa justamente lo contrario que el Valle de los Caídos. Y si tenemos en cuenta la leyenda, si nos la creemos, que yo me la creo, llámeme utópico, que no me molesta, mucho más. Porque según esa leyenda que nos han contado mil veces, la ciudad, su construcción, su definición, es como consecuencia de un acto de amor. También fue para muchos, otras teorías, símbolo de libertad, de independencia frente a un Califato opresor, un lugar diferente por muchos motivos. Refugio de artistas, de intelectuales, de científicos, que encontraron en Medina un espacio para desarrollarse. Eso es lo que nos han contado, y yo quiero creer que es así. En cualquier caso, no existen leyendas negras de esta ciudad palatina, no es célebre por su represión, por el terror o por el sufrimiento que padecieron sus habitantes, y eso que Abderramán fue un gobernante de armas tomar, nunca mejor dicho. Aún así, no hizo de Medina Azahara su Valle de los Caídos, aunque sí se trató de la representación de su poder, de su autoridad, de su dominio, una exhibición, una bella exhibición, según cuentan. Lo de Franco también es una exhibición, pero me temo que ninguna de sus posibles definiciones tengan algo que ver, ni remotamente, con la belleza. Escoja, pero yo creo que “horror” es la palabra más certera. Horror, que por cierto es prima hermana de error y de hedor.
Se merece Medina Azahara una película, extraño que todavía nadie se haya atrevido, y del Valle se pasaron de metraje en el NODO, ese instrumento fascista de la España franquista que todos debían digerir, afines o no a la costra. Las teorías del pasado desembocan en la realidad actual, esa que nos muestra a Medina Azahara como un lugar de sabiduría, belleza y concordia, y que merece la pena reinterpretar, rescatar de los siglos de olvido, mientras que el Valle pasará a la historia como un lugar que habría merecido no existir nunca, feo, aberrante y terrible. De competir por algo, lo haría con Auschwitz, Mauthausen o Guantánamo, como Patrimonio Mundial del Horror, no tiene más aspiraciones, me temo, esa es su Liga. Me resulta del todo incomprensible, por no rebuscar más en el diccionario, que haya quien defienda o venere este lugar, que habla de un pasado que jamás debería haberse escrito y mucho menos padecido. Todo lo contrario que Medina Azahara, que más de mil años después vuelve a vivir una época gloriosa, que esperamos y deseamos que sea muy, muy, extensa. Buenos mimbres están encajando. Y sigamos leyendo a Valle, que nunca pesa, que nunca pasa. 

martes, 3 de julio de 2018

LA SIESTA


¿Habrá algo más español que la siesta? Podemos echarla a pelear con la paella, la tortilla de patatas, la envidia, el qué dirán, las barras de los bares y el gazpacho y ya veríamos quién gana. Puede ser que, como en las primarias del PP, por eso de los muchos contrincantes, que las fuerzas se diluyan en beneficio del gran favorito. Mi gran favorita es la siesta, no me cabe duda. Pero volvamos a los del PP, que puede ser un tema muy de siesta, de sobremesa, entre bostezos, chupitos y solos con hielo, largo americano. Ni tenían los másters que decían tener, ni tenían las cuentas que decían tener, pero es que tampoco tienen los militantes que nos habían contado, esos millones y millones. Yo comprendo que eso de las cuotas fuera algo aleatorio, no exigible, que se tomara un poco a la ligera, porque pasta, lo que se dice pasta, han manejado, y así nos lo han contado los jueces. Los jueces, que no lo hemos leído en la edición digital de un periódico de investigación, no, que está contrastado.  Pero volvamos a la siesta que es un tema que me apasiona profundamente, muchísimo, y tal vez porque rima y hasta se confunde con fiesta, que las vocales hermanan más de lo que imaginamos. Y, además, como la cultura, como las razas, como los géneros, como cualquier cosa o ámbito que nos enriquece, me gustan las siestas por su diversidad, o me gustan las diversas siestas, que también es una manera de decirlo, con su trasfondo matemático y todo. Porque está la siesta reparadora tras una mala noche, que te reporta ese sueño perdido. Está la siesta sanadora, que es cuando te has acostado a las tantas, con frecuencia en mal estado, y que como tienes la “hora cogida” y no has dormido nada, la siesta acaba por curarte, parte de las heridas. Está la siesta instantánea, en la que sueñas y todo y apenas has dormido seis minutos. Está también la siesta de babita, de labio colgando, de pijama y orinal, en honor a Cela, y que te deja atontado durante varias horas. O la siesta cervecera, incluso asalmorajada, que no sabes si es agradable o nauseabunda en su paladar, y que tan mal despertar conlleva.
No me puedo olvidar de la inigualable siesta Tour de Francia, sobre todo en las etapas llanas, donde el rodar de las bicicletas y la narración del locutor actúan como burundanga audiovisual, consiguiendo anular todos tus sentidos cuando menos te das cuenta. O la siesta llanuras del Serengueti, que comienzas a cabecear cuando esa joven leona se inicia en el aprendizaje en la caza de las gacelas Thomson, que vienen a ser algo parecido a sus Macdonalds, y cuando tratas de abrir los ojos ya es una leona abuela que espanta las moscas con desidia. De cuando en cuando, cada cuatro años exactamente, tenemos las siestas olímpicas y ahora estamos disfrutando de las siestas mundialistas. Y llega ese momento concreto, como por arte de magia, o por arte de siesta, en este caso, que no sabes si el gol de Senegal clasifica a Dinamarca, o si es Suecia la que pasa porque alguien ha metido un gol en el Costa Rica contra Suiza, y se te queda cara de Maradona celebrando un gol de Argentina. La que ha tenido que soportar este hombre, que yo creo que ha batido el record mundial de memes, que estaba en propiedad de Rajoy, en dura competencia con Donald Trump.
Que la siesta cuenta con grandes beneficios para nuestra salud, eso ya no hay quien lo dude, pero es que, y no menos importantes, los beneficios espirituales, sociales, antropológicos y hasta sexuales, y usted sabe de lo que hablo, también han de tenerse muy en cuenta. Y así, no es de extrañar que en Madrid ya haya una especie de hotel para siestas, por un módico precio puedes regalarte una cabezadita en pleno centro, escapando por unos instantes del bullicio de la gran ciudad. Es tan importante la siesta que la hemos convertido en verbo y la conjugamos en todos los tiempos posibles. Yo me inclino por el presente, el ahora, la siesta inmediata, la que ya siento que llega. Sin embargo, la siesta metafórica, así como el verbo en su opción irónica, incluso despectiva, no me interesa en absoluto. Cerrar los ojos, cuando nos apetezca, por placer o necesidad, pero no por no querer ver lo que la realidad nos muestra. Y eso que también puede entenderse como una seña de identidad muy española. Vaya que sí.
 

miércoles, 27 de junio de 2018

DIGNIDAD


Dignidad, humanidad, legalidad, palabras que olvidamos o que simplemente no queremos emplear cuando no nos interesa hacerlo. O cuando no van dirigidas a nosotros mismos, claro, que a dignos no hay quien nos gane, faltaría más. La mayoría de las veces no pronunciamos esas palabras por motivos económicos, claro, poderoso caballero decían y siguen diciendo. La humanidad se escribe en una hoja de cálculo con tinta invisible, y dan igual los gritos, los llantos, las lágrimas, la atrocidad de las imágenes que contemplamos. Imágenes que nos trasladan, desgraciadamente, al pasado. Creíamos que no volvería, pero está aquí, como un mantra maligno que se repite, una y otra vez. Nos denominamos Primer Mundo, nos regocijamos de nuestra posición, ganada a golpe de Ibex, a golpe de saqueo, a golpe de mirar hacia otro lado; nos presentamos como el modelo, como la propuesta de mundo que debería ser, pero no queremos que los demás lo sean y lo evitamos a toda costa. Levanta ese muro, y con concertinas, que se cuelan. Un Primer Mundo que es capaz de ofrecer imágenes tan aberrantes como las que nos han llegado de la América de Trump, separando a los hijos de sus padres como mejor arma disuasoria, ha explicado el oxigenado Presidente sin ningún tipo de pudor. Todo vale. Sí, todo. No me creo ese perdón de boca cerrada. También un censo de gitanos, para que sepamos quiénes son, dónde viven, en qué trabajan, para tenerlos perfectamente controlados. Cuando mañana les coloquen una estrella dorada en el pecho no nos extrañaremos. O mejor, utilicemos las nuevas tecnologías, que para eso somos el mundo evolucionado, un chip en la nuca, como a los perros. Eso estaría mejor, claro que sí. Un concejal del PP de Jerez de la Frontera lo tiene claro, que sí, que está muy bien eso de ser solidarios, pero que no nos volvamos locos porque aquí hay gente que lo pasa muy mal. Y, como dicen sus jefes, sin pudor, no se puede utilizar la inmigración para fines propagandísticos. Jugar con los sentimientos, dicen.
El buenismo trae estas cosas, dice alguien en la barra del bar, y algunos asienten. Las cosas. Pretender tener un futuro, que sobre todo lo tengan tus hijos, qué barbaridad, que no somos las Hermanitas de la Caridad. Y seguimos acodados en la barra del bar, haciendo chistes del negro que vende pañuelos en el semáforo de la esquina. Cien pavos le calculo yo que se saca al día, como poco, alguien contabiliza, y el resto cabecea con desdén. Así hemos celebrado el Día Mundial del Refugiado, que tuvo lugar el pasado 20 de junio. Día que algunos científicos consideran, por las circunstancias que alberga, como el más feliz del año. Qué ironía. Yellow day, lo han denominado. Seguro que se lo ha inventado Puigdemont, grita uno desde el gallinero. Las cosas. Felicidad, hermosa palabra. Dignidad, igualmente hermosa y necesaria. Para muchos, para mí, la dignidad es indispensable para alcanzar la felicidad, un instante o algo que se le parezca. No imagino una felicidad indigna, no la quiero. Indignos, lo digo tal cual, todos aquellos que negaron puerto al Acuarius y sus 629 pasajeros, mujeres embarazadas y más de cien niños entre ellos.  
Indignos esos bulos y esos memes que los caballeros templarios de la caverna han distribuido, advirtiéndonos del peligro, de lo que supone todo esto. ¿Esto quién lo paga?, se preguntan, al mismo tiempo que dan por bien empleados los 60.000 millones que ha costado el rescate bancario. Ya nos hemos olvidado cuando éramos nosotros los que buscábamos una oportunidad, un futuro para nuestros hijos, muy lejos, en Brasil, Alemania o Suiza. La semana en la que llegó el verano también fue la semana de los indignos, a los que solo debemos agradecerles que nunca tuvieron careta, siempre fueron así. Seguro que piensan que las imágenes de los seguidores de Senegal. Llegados del Tercer Mundo, limpiando las gradas que han ocupado tras el partido, en el Mundial de Rusia, es una maniobra de publicidad, de ese buenismo que tanto detestan. No me extrañaría que Zapatero estuviera detrás, tenía esas cosas, dice el tertuliano y las rosas del jarrón palidecen. Las únicas concertinas que me gustan son las violinistas de las orquestas, proclamo y ya veo volando una crítica. Humanidad, sí, y dignidad, claro, sobre todo. 
 

miércoles, 20 de junio de 2018

MUNDIAL


Soy uno de esos aficionados al fútbol que disfruta viendo un Costa Rica contra Eslovenia, sí, lo confieso. Y hasta un Guatemala contra Australia, por supuesto. O un Rusia contra Arabia Saudí, vaya golazo de Chérishev. Y lo que más me gusta es, como en los festivales de música, cuando ves esos conciertos en el escenario pequeño a horas infumables y descubres una banda de jovenzuelos que te entusiasma, descubrir un lateral derecho que apunta maneras, un medio con imán en las botas o ese delantero que sería un depredador en el área si alguien le pasara el balón con las suficientes garantías. También me encanta investigar las trayectorias de jugadores que desconocía hasta ese momento, descubrir sus anteriores equipos, sus orígenes. Ahora está chupado, claro, basta con teclear el nombre del jugador en la ventanita de Google, pero cuando era un niño en ocasiones se transformaba en una dura e intensa tarea detectivesca. Y es que para la mayoría de los futboleros un Mundial es lo más, el mayor y mejor espectáculo que este deporte nos ofrece (y que solo una Champions puede igualar). Me recuerdo hasta no hace tanto con mi libreta del Mundial, comprada única y exclusivamente para tal cometido, en la que anotaba alineaciones, resultados y otras estadísticas que consideraba más o menos relevantes. Y también me recuerdo esquivando la tutela paterna para ver los partidos mientras simulaba estudiar. Y es que los mundiales se desarrollan en una fecha malísima, si eres estudiante.
Ha comenzado el Mundial de Rusia con revuelo, mucho, para la Selección Española. La verdad es que ha sido una semana de armas tomar en todos los sentidos, que hemos tenido de todo y de todos los colores, feos y alegres, repletos de esperanza y colmados de rabia y vinagre. Eso sí, una semana de grandes memes, que cuanto más complicados son los asuntos más agudas son las ocurrencias de algunos. Por muy madridista que sea no puedo esconder la sorpresa y hasta el bochorno que me ha provocado la actuación del Real Madrid y su presidente, tampoco Julen Lopetegui ha estado a la altura requerida. Mal los dos, muy mal. Y a Rubiales, nuevo presidente de la Federación Española de Fútbol, tampoco le doy un 10 en su respuesta, ni mucho menos. Si ese es el rasero, y sin restar nada a la actuación del ya exseleccionador, a cuántos jugadores habría que sancionar por hablar y negociar su futuro deportivo durante la celebración del Mundial, que siempre tiene un componente de mercadeo, por aquello de los descubrimientos que antes comentaba, y que, por otra parte, nos encanta a los aficionados, ya que es la parte Sálvame de este deporte, o algo parecido. Con solo pensarlo dos o tres segundos, seguro que le vienen a la cabeza un buen puñado de jugadores que están negociando con otros equipos su futuro. Retomando el asunto de marras, yo hubiera mantenido a Lopetegui, a pesar de la metedura de pata y a pesar de todos los condicionantes y sospechas que su decisión habrían podido provocar. Y que serían muchas, me temo, que en este deporte todo se comenta y todo se vende, y todo es analizable, y desde los más diversos puntos de vista. Como este tema, faltaría más.
Pero acudamos a las frases hechas y optemos por el vaso medio lleno, que también todo este embrollo tiene su parte positiva o yo al menos le encuentro una: se acabó la presión. Con la que se ha montado, descabezado el equipo, damos por hecho que estamos haciendo las maletas a las primeras de cambio, por lo que una actuación nefasta será lo normal, avanzar algunos cruces se calificará de muy meritorio y alcanzar las semifinales o plantarnos en la final, y hasta ganarla, se proclamará como un auténtico milagro, y no exagero. Es así este deporte, mientras que a nosotros nos cambian de jefe, ganando infinitamente menos que ellos, y seguimos currando como si tal cosa, con la misma profesionalidad y entrega. En cualquier caso, cuando saltan al campo son once tipos en pantalón corto contra otros once con semejante atuendo, pero de distinto color. Los Rubiales, Florentino, Hierro, Lopetegui y Marchena no corren por la banda ni tiran las faltas, por lo que todo es posible. Porque, más allá de todos los revuelos y las portadas y los memes, es solo un juego y todo es posible, para bien o para mal.