sábado, 1 de marzo de 2008

BARDEM



Ahora rescatan sus fotografías de su época juvenil en la selección española de rugby, pero los que amamos el cine lo pudimos ver por primera vez, hace años, recogiendo cables, casi como figurante, en una película de Almodóvar. Poco después protagonizó un videoclip de Los Sencillos, aquel grupo catalán con sonido sesentón. La primera oportunidad real, el primer trabajo con dimensión y recorrido –y sobre todo minutos-, le llegó de la mano del siempre delirante –y a ratos excesivo- Bigas Luna, en la ya mítica Jamón jamón. Una recreación posmoderna –pero al mismo tiempo muy cañí- de los grandes temas y estereotipos hispanos. Javier Bardem, carambolas de la vida, debutó al mismo tiempo que nuestra amada y admirada Penélope Cruz, y muy rápidamente se convirtió en uno de los más firmes y prometedores referentes de la cinematografía nacional. Recuerdo que cuando contemplé la entrada de Bardem, macarra desde el gesto a los calcetines, bailando con su camiseta remangada, en aquella discoteca de polígono industrial, rápidamente intuí que nos encontrábamos ante una arrebatadora fuerza interpretativa.
Posteriormente, tras su impactante debut, Bardem escogió escrupulosamente sus películas, sin renunciar a ningún genero –de la comedia de Boca a boca a la crónica urbana y terrorista de Días contados-, y demostrando un constante y espectacular crecimiento. En Los lunes al sol, crítica y público, por igual, quedamos asombrados de su capacidad, bajo la piel de Santa, uno de los grandes personajes que no ha reportado el cine español en su ya dilatada historia. El dúo formado por Fernando León y Bardem se adentró con minuciosidad, sin tópicos, con dureza y hasta con humor, en un tema tan delicado como es el paro. Previamente, Bardem ya había sido nominado a los Oscar, gracias a su excelente interpretación del escritor cubano Reinaldo Arenas, en Antes de que Anochezca, aunque aquella fue casi una nominación exótica o colorista, ya que nunca estuvo en las quinielas de las apuestas.
Cuando parecía que Bardem ya se había instalado en el techo/paraíso de la cinematografía, aparecieron los hermanos Coen y le regalaron uno de los más arriesgados y complicados papeles que hemos podido contemplar en la pantalla en los últimos años. No es país para viejos no es la mejor película de los Coen, no, pero tengamos en cuenta que cualquiera de sus obras es bastante mejor que el 90% de los títulos que podemos encontrar en la cartelera durante cualquier época del año. Eso ya es mucho. A diferencia de Expiación, que maltrata el maravilloso texto de Mcewan, No es país para viejos es más que una brillante y respetuosa adaptación de la novela homónima, del áspero y exacto Cormac Macarthy. Más allá de la representación física, menudo peinado tuvo que soportar durante los meses que duró el rodaje, Bardem interioriza y exterioriza la representación de un asesino sin escrúpulos, obsesionado con cumplir su misión a cualquier precio, juguetón y terrible con las vidas ajenas. Tras ver la película, abrumado por la interpretación del español, me estuve preguntando un rato por qué lo habían nominado como mejor actor secundario, ya que su presencia, tanto temporal como argumental, es principal. En realidad, en No es país para viejos todos los actores son secundarios, la ambición es la verdadera protagonista, o, incluso, el desierto, tal y como lo fue la nieve en la magistral Fargo, muy por encima de la intriga que podamos intuir refugiada en la historia. Sí, ha ganado Javier Bardem el Oscar, sí, ha sido el primer actor español en conseguirlo, y, seguramente, no será la última vez que lo veamos recorriendo la alfombra roja en una ceremonia de entrega, esperando a que digan su nombre. Y cuando Bardem recibió el Oscar, tras dedicárselo a su familia y a sus compañeros de profesión, se lo dedicó a toda España, lo que tuvo que provocar un hondo malestar en un algún descerebrado de las ondas radiofónicas. Con Javier Bardem no podemos decir aquello de que ha nacido una estrella, tampoco tiene pinta de que vaya a adoptar esa pose, sólo es la constatación de que el talento no entiende de fronteras.
El Día de Córdoba

1 comentario:

Lombilla dijo...

Estoy de acuerdo contigo, he ido a verla y no hay un protagonista claro (bueno sí, un cabrón que se sentó a mi lado comiendo pipas, pero ese no cuenta. Qué pena que al Bardem no se le escapara un tiro, hombre). Javier Bardem está bárbaro. Es magnífica esta peli aunque de los hermanos estos a mí las que más me gustan son El gran Lebowski y Fargo.
(También me gusta mucho Sangre fácil, su primer proyecto propio, que era un tributo al cine negro americano desde su personal y extravagante óptica... Pero esto último no lo tengas demasiado en cuenta porque lo he copiado de Wikipedia, para epatar a lo Garci).
Abrazos