domingo, 18 de octubre de 2009

DÍA DEL GLOBO












El que no tiene un día en el calendario es porque no quiere, que los hay de todos los gustos, tamaños, colores, mensajes y yo qué sé más. Basta pasearse por el calendario anual y comprobar el reconocimiento o proclama que cada nuevo día esconde. Hay días que sí cuentan con gran protagonismo, días a tener muy en cuenta, que se pueden entender como las “estrellas” del calendario, mientras que existen otros días de conmemoraciones más humildes, pero igualmente respetables. El Día Mundial contra la Violencia de Género, El Día Mundial de la Lucha Contra el SIDA, el Día Internacional de la Mujer, el Día del Orgullo Gay, etc., etc., etc. Cuando escucho las nomenclaturas de muchas de estas conmemoraciones algunas dudas comienzan a extenderse por mi interior. Una duda muy simple, cuál es la diferencia entre Día Mundial y Día Internacional, ¿se puede ser mundial y no internacional o viceversa? Porque, entonces, no tendría que llamarse Mundial de Fútbol, sino Internacional de Fútbol, que suena más feo, raro más que feo, y hasta puede sonar muy “rojo” según quién lo escuche o pronuncie. El pasado jueves, día 15 de octubre, fue el Día Mundial del Lavado de Manos. No sonría, que lo estoy viendo desde aquí, que la cosa no es para tomársela a guasa, y no diga eso, que es muy feo, que lo puedo escuchar, que me están pitando los oídos. Sí, fue el Día Mundial del Lavado de Manos, que en estos tiempos epidémicos que corren es una tarea fundamental que ninguno debería olvidar, por lo que este año este magno día debería haber contado con una especial trascendencia. Yo, por ejemplo, nada más abandonar la cama –debo de reconocer que apenas pude dormir, y es que los nervios por la celebración me provocaron un molesto y desconcertante insomnio-, me dirigí con gesto compungido y ceremonioso hasta el cuarto de baño, con respeto y admiración me enfrenté al lavabo, y, con delicadeza y amor –mucho amor, pero amor cándido y fraternal-, giré la cabeza metálica del grifo y me lavé las manos con pasión y jabón. Un acto hermoso que me deparó un jueves maravilloso.

Por la noche, acongojado, comprendí que el Día Mundial del Lavado de Manos había pasado sin pena ni gloria por los imperativos de la actualidad, que lo puede todo, protagonizada por ese niño pelón y norteamericano que surcaba los cielos en su globo paternal y ajardinado, como sacado de una película de Steven Spielberg. Conexiones en directo de todas las televisiones del mundo mundial –o del mundo internacional- siguiendo el anárquico vuelo del globo plateado sobre Colorado, tierra mítica del Far West, hasta su aterrizaje y posterior sorpresa: el niño había desaparecido. Todos, millones y millones de espectadores de los cinco continentes, esperanzados en un final feliz, tal vez contagiados de la moralina de esas películas “basadas en hechos reales” que encienden nuestras emociones y bostezos tras el almuerzo, necesitábamos contemplar el epílogo ideal, un abrazo entre los desolados padres y el díscolo y aéreo niño, y nos quedamos con las ganas. Spielberg no nos habría hecho esto. El niño, en tanto, escondido en su casa, tal vez comiéndose un bocadillo de crema de cacahuete mientras jugaba a la videoconsola, inmerso en su mundo de niño. Ese mundo que no respeta el guión y el raciocinio de los mayores y que formula sus propias reglas y verdades, que parten siempre desde el sincero corazón de la infancia. Pobres padres abochornados y, con toda probabilidad, defenestrados, ahora tendrán que compartir sus días con el descrédito y con las ganancias que obtengan por vender, recrear y jalear su ocurrencia. Qué tétrico drama familiar.

Con lo que me hubiera gustado dedicar este artículo, íntegramente, al Día Mundial del Lavado de Manos, que me parece una fecha tan noble y señalada del calendario y va el niño de Colorado y me fastidia el invento, se come todo el protagonismo gracias al vuelo de su globo alumínico y casero. Consciente de esta realidad, que es la realidad del morbo y la demanda, propongo que a partir de este año, todos los 15 de octubre, para desgracia del Premio Planeta –que lo veo cambiando de fecha-, se recuerde y señale como el Día Mundial –o Internacional- del Globo Plateado. Que estuviera inflado de gas o de mentiras, esa ya es otra historia. ¡Y lo bien que lo pasamos!

El Día de Córdoba

2 comentarios:

Álex Nortub dijo...

Acabo le leer El orden de la memoria. Me ha gustado mucho.
Saludos.

Salvador Gutiérrez Solís dijo...

Muchas gracias, Álex. Hermoso hotel el tuyo.

un abrazo

salva