martes, 22 de octubre de 2019

LA RUTA INFINITA


El sueño de Cristóbal Colón, alcanzar Oriente, Las Islas de las Especias, navegando hacia el Oeste, tuvo un continuador en el marino portugués Fernando de Magallanes. Como Colón, Magallanes estaba plenamente convencido de que existía un estrecho que les permitiría cruzar aquella enorme porción de tierra que ya comenzaba a definirse como América, para poder llegar a Las Islas de las Especias, que ofrecían el oro de aquel tiempo: el clavo, la canela, el sándalo, la pimienta o el jengibre. Sabores con los que camuflar la “caducidad” de los alimentos, en un principio, y aromas para los perfumistas, posteriormente. Magallanes no encontró aliados con los que alcanzar su sueño en su propia tierra: el rey de Portugal no quiso apoyarlo. Tras unas largas y tensas negociaciones, el marino consiguió convencer al Rey de Castilla, Carlos I, para llevar a cabo la soñada travesía. Así es como se convirtió en el capitán general de la Flota de la Especias, compuesta por cinco naos y una tripulación de unos 250 hombres, procedentes de media Europa. En un mundo por descubrir, desconocido hasta en lo más evidente, la I Vuelta al Mundo, de la que se conmemora este año su V Centenario, constituye uno de los grandes acontecimientos de la Historia. Y no solo desde un punto de vista histórico o geográfico, que también. Lo fue, lo sigue siendo, porque supuso el primer tramo de entendimiento en un puente que unió culturas y pueblos que se ignoraban por completo. Lo fue porque cabe entenderse como el primer acontecimiento global de la humanidad, más allá de los localismos. Y lo fue por todas las circunstancias, personajes, espacios y fatalidades que se dieron cita en tan descomunal gesta. Una gesta que concluyó tres años después, cuando El Cano, Magallanes no completó con vida el larguísimo viaje, regresó al punto de partida, Sanlúcar de Barrameda, solamente acompañado por 18 marineros, que sobrevivieron a todas las inclemencias que padecieron.
La primera circunnavegación demostró que la Tierra era redonda, que algunos de los mapas que se utilizaban en la época no estaban del todo equivocados y que buena parte de los instrumentos náuticos que manejaban eran eficaces. También confirmó, y demostró, que el ser humano, de cuando en cuando, es capaz de sobreponerse a las mayores y más dantescas adversidades. Gesta de tal dimensión, tuvo eco e interpretación en diferentes manifestaciones artísticas, no tantas como merece esta hazaña, destacando muy especialmente la Literatura. Echo en falta una gran película o una serie, mejor, hay mucho que contar, porque la historia así lo merece. Hay que tener presente que la gesta de Magallanes y los suyos fue pionera en multitud de facetas, algunas ya señaladas, y que también supuso la primera creación literaria in situ, gracias a Antonio Pigafetta. El italiano escribió a bordo un diario, tan personal como parcial, obviando grandes protagonistas y recreándose en la fauna y flora de los lugares que visitaban. Unos siglos después, el escritor suizo Stefan Zweig, en 1937, publicó una biografía novelada de Magallanes en la que abarca toda la vida del marino, así como el relato de su travesía. Fiel a su estilo, Zweig relata el penoso viaje adentrándose en las personalidades de sus principales personajes, gracias a un exhaustivo y profundo análisis psicológico.
Más recientemente, casi coincidiendo con el V Centenario, José Calvo Poyato ha llegado a las librerías con La ruta infinita, una novela que narra los entresijos previos, así como la misma travesía que se conmemora. Despliega Calvo, a lo largo de las páginas de su obra, una teoría muy interesante: Magallanes, gracias a los consejos de un geógrafo, sabe de antemano que la Ruta de las Especias se encuentra en la mitad española, tal y como había quedado repartido el mundo en el Tratado de Tordesillas, y es por eso que se decante por el rey español y no por el portugués para plantearle su audaz proyecto. Con el rigor histórico que caracteriza a Calvo Poyato, con pedagogía, pero con toda la agilidad del género de aventuras, narra el escritor egabrense en La ruta infinita todas las calamidades, casualidades y traiciones que protagonizaron Magallanes, Elcano, Pigafetta y el resto de protagonistas de esta gesta histórica. Demuestra Calvo en su libro, que hay argumento suficiente para seguir interpretando, tanto en el presente como en el futuro, todo lo que supuso esta aventura marítima que se sitúa en el territorio de la épica.

La foto superior es obra del fotógrafo Robertlo López Cruz.

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