sábado, 24 de diciembre de 2011
ES NAVIDAD
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
escritores: ENTREVISTA EN DIARIO ABC
domingo, 18 de diciembre de 2011
EL HOMBRE DEL MEDIEVO
sábado, 17 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
escritores: ESCRITORES, 15: EL ENSAYISTA EN ALQUILER
martes, 29 de noviembre de 2011
TINTÍN
domingo, 27 de noviembre de 2011
La Tormenta en un Vaso: La mano invisible, Isaac Rosa
jueves, 10 de noviembre de 2011
BARRA AMERICANA, DE JAVIER GARCÍA RODRÍGUEZ
domingo, 6 de noviembre de 2011
ENTREVISTA EN EL DÍA DE CÓRDOBA (GRUPO JOLY)
- "El humor y la ironía son magníficos anzuelos con los que atrapar al lector"
-Los relatos de Escritores tienen a la literatura como hilo conductor, ¿por qué ha decidido tocar esta temática?
-Siempre me ha interesado la metaliteratura, escribir de los personajes, de los decorados, de las entrañas de la literatura. Tal vez sea por un anhelo permanente por exponer al escritor o al hecho literario como algo natural y no extraordinario. La literatura debe formar parte de lo cotidiano. Por un ejercicio de normalización, podríamos denominarlo de esta manera. También porque es un ámbito que conozco, un mundo que no me es ajeno y que, a pesar de eso, cada día me sorprende más.
-¿Quiénes son los protagonistas de su libro?
-Retrato escritores que podríamos considerar como convencionales y otros que son amplificaciones bienintencionadas de escritores que he conocido a lo largo de los años. Si me detengo un instante a pensarlo, todos los escritores que aparecen en este libro cuentan con una gran y común característica: aman la literatura. De hecho, tal vez este libro sea mi particular homenaje a la literatura, a los sueños, desvelos y emociones de quien se lanza a sus profundidades.
-¿De qué forma plasma sus experiencias personales en este libro?
-Siempre he mantenido que no soy un escritor autobiográfico: mi vida no es tan interesante como para ser contada a los demás. Sin embargo, con el paso del tiempo me he ido dando cuenta de que todos los escritores, de una manera u otra, no hacemos otra cosa que contar nuestra propia vida. Y no hablo de pasajes o situaciones concretas, me refiero a que describimos y narramos a partir de nuestras propias percepciones. Cuando describo el amor, una caricia, la muerte, la ira o la alegría, lo hago a partir de percepciones propias.
-¿Se ha inspirado en otros compañeros de profesión?
-Siempre lo hago; en ese sentido, soy un autor muy permeable y curioso. Cualquier historia, situación o personaje que me atraiga es susceptible de aparecer en mi obra. De hecho, hay quien se reconoce. En cuanto a otros escritores, desde la primera entrega del Novelista Malaleche me sucede algo muy curioso: son los propios escritores, algunos de ellos muy conocidos, los que me piden que los incluya en nuevas entregas. Y yo soy una persona muy cumplida.
-¿Qué papel juega el humor en las historias de Escritores?
-España, creativamente, es un país muy pudoroso, casi mojigato. Se nos ha instruido en la falsa creencia de que la buena literatura o cine deben ser serios, profundos, aburridos si se me permite. Hemos confundido calidad con seriedad. Y puedo asegurar que arrancar una sonrisa del lector, incluso una carcajada, es infinitamente más difícil que transmitir o engendrar tristeza, mucho más difícil, y no exagero. Además, el humor o/y la ironía son magníficos anzuelos con los que atrapar al lector y acercarlos a cuestiones esenciales que a todos nos afectan.
-¿Es más fácil abordar la metaliteratura a través de la ironía?
-No sé si es más fácil o más difícil, lo que me niego es a realizar una ejercicio de naturalidad literaria desde sesudos y académicos planteamientos, ya que el resultado sería justamente lo contrario de lo que pretendo. Retomo la idea de anzuelo: es muy importante envolver la literatura de planteamientos atractivos para el lector. Y más si cabe en este periodo histórico que nos ha tocado vivir, donde la literatura compite con otras expresiones tan atractivas como veloces, casi instantáneas.
-En esta obra saca de la clandestinidad a la literatura, ¿son necesarios este tipo de libros para hacer más humanos a los escritores?
-Hay una frase que no me canso de repetir: el escritor debe saber lo que cuesta una caja de leche, y una docena de huevos, y el nombre del equipo que lidera la tabla (que por cierto es el Real Madrid), o lo que sucede con Grecia... El escritor no puede ser ajeno al mundo que le ha tocado vivir, ya que el escritor forma parte de este mundo. La única diferencia con respecto a otro tipo de profesiones, tal y como sucede con otras actividades creativas, es que el escritor cuenta con una vertiente pública, se muestra. En todo lo demás, es un currante más.
-Escritores es su segunda incursión en la narrativa breve después de Jugadores y coleccionistas. ¿Por qué ha regresado a este género?
-Debo reconocer que escribo muy pocos relatos, muy pocos. De hecho, éste es mi segundo libro en ocho años. No sé si habrá un tercero, no antes de diez o quince años en cualquier caso. A diferencia de Jugadores y coleccionistas, Escritores es un libro más coherente, posee una unidad, una intencionalidad, no es una mera compilación. También es Escritores el florecimiento de semillas que he ido esparciendo en obras anteriores, pequeños embriones que me ha fascinado gestar y parir en este libro. Ha sido realmente divertido, maravilloso y cálido construir este libro. Ha sido un embarazo placentero y creo que la criatura me ha salido guapísima. Lo digo con pasión de padre, indiscutiblemente, pero también con la objetividad que me proporcionan los años y los libros.
-¿Tiene a la vista un nuevo proyecto?
-Hay un proyecto, muy avanzado, que verá la luz a lo largo del próximo año. Regreso a la novela, y de nuevo me lanzo a una nueva aventura, a un tono y temática absolutamente distintas a los que hasta hoy he frecuentado. Se trata de un retrato generacional, en donde trato de plasmar todas esas disyuntivas que nos podemos encontrar en el tránsito de lo que entendemos como juventud a la edad adulta. Creo que es una obra muy descarnada, pero muy sincera.
lunes, 31 de octubre de 2011
'ESCRITORES' EN LA TORMENTA EN UN VASO
Quien haya seguido la trayectoria de Gutiérrez Solís, encontrará —en esta ocasión— un libro de cuentos donde el autor va desgranando los entresijos del mundo literario mezclado con el sarcasmo que —en otro tiempo— nos trajo el novelista Malaleche. 17 historias 17, que nos llevan desde la increíble trama del novelista caníbal a la curiosa—y terrible— historia del detective poeta, pasando por el relato desternillante de "El poeta maldito" o "El torero escritor". Una trama de personajes que se mueven entre el mundo de la realidad y la ficción, siempre, en torno al hecho literario. Apreciables son los microrrelatos "El ensayista en alquiler" o "El difunto poeta", en los que el autor da muestras de su capacidad para condensar en apenas unas líneas esa mezcla de ironía y realidad.
viernes, 28 de octubre de 2011
'ESCRITORES' LLEGA A LAS LIBRERÍAS
martes, 25 de octubre de 2011
LA HERENCIA DEL POETA
martes, 11 de octubre de 2011
escritores: ESCRITORES, PRIMERA ENTREVISTA
lunes, 10 de octubre de 2011
EL ARENERO DE LA MONUMENTAL
viernes, 7 de octubre de 2011
FÉLIX ROMEO
miércoles, 5 de octubre de 2011
ESCRITORES (El Olivo Azul). El 31 de octubre en todas las librerías.
lunes, 26 de septiembre de 2011
CASA RUSI

Primeros afeitados con esas cuchillas azules que te dejaban la cara como si te hubieses enfrentado a un gato y primeros paseos por la Córdoba céntrica y señorial, la de las palomitas, los helados de David Rico, las conservas del Correo, el bonito con tomate de Bocadi y los juguetes de Los Guillermos, en la calle Gondomar. Pegaba la nariz contra el cristal del escaparate y me maravillaba con esos interminables Scalextric –que sólo tuve cerca en los bajos de Galerías Preciados-, con las escopetillas de plomillos, los coches teledirigidos y demás artilugios que jamás desfilaron por mi casa –o por alguna de la de mis conocidos, desgraciadamente-. Y junto a Los Guillermos, por fin, Casa Rusi, con sus sombreros cordobeses, sus guantes de los buenos, sus encendedores de marca “de toda la vida”, sus navajas suizas y sus lujosas pitilleras. Agregué Rusi a mi particular mapa vital años más tarde, en plena efervescencia de la juventud. Allí nos compramos los sombreros para ir al mano a mano entre Finito y Chiquilín, y lo perdí ese mismo día: lo lancé al ruedo y nunca volvió. El segundo, también con el sello de Rusi, tampoco me duró mucho, otro alboroto en los Califas y el sombrero contagiado de la locura colectiva se fugó. Cosas que pasan. Después, sin llegar a considerarme como un cliente habitual, gracias a Casa Rusi he podido encontrar regalos y sorpresas para mis amistades más “cordobesas” o “cordobitas”, porque si algo definía a este establecimiento era eso precisamente: era muy muy cordobés, en el amplio concepto del adjetivo. (Y dudo si se trata de un adjetivo o de una definición).
Varias generaciones nos hemos acostumbrado a Rusi como una parte más, entrañable y pintoresca, de la geografía más netamente cordobesa. Quién no se ha detenido alguna vez frente a su característico escaparate, admirado o sorprendido. Casa Rusi ha cerrado sus puertas, extirpando una vetusta coordenada de nuestro mapa más esencial, dejando para el recuerdo –y tal vez no para el olvido- su característico inventario y, seguramente, otra forma de entender el comercio, la relación con el cliente. Y es que puede que Rusi no haya soportado la velocidad, el tiempo y sus modas, que alineados, y empujando en la misma dirección, son capaces de borrar hasta el mapa más veterano y perfilado.
domingo, 25 de septiembre de 2011
STIEG LARSSON: LA VOZ Y LA FURIA

¿Cuánto hay de la vida de un autor en su obra? ¿Cuánto hay de vida, propia o ajena, en una obra artística? Preguntas frecuentes y recurrentes, con una amplia gama de respuestas. Y me temo que habría un buen número de respuestas correctas. No creo que exista un autor absolutamente impermeable, siempre dejamos abierto un poro por el que se nos cuela la realidad. Y si existiera ese autor, impermeable, que lo dudo, ¿tendría la capacidad de explicar una emoción o un sentimiento sin tener en cuenta la percepción que él mismo tiene de esa emoción o sentimiento? Un simple ejemplo: describimos la muerte sin haber muerto, pero la descripción la realizamos por medio de una percepción exclusivamente personal, de la aproximación que nosotros mismos tenemos de la muerte. Muerte, odio, celos, amor, envidia, dolor, alegría…
Tras haber leído, en los últimos años, la ya célebre y épica trilogía Millennium, y, recientemente, el libro de artículos y reportajes, La voz y la furia, ambas obras del fallecido Stieg Larsson, no me cabe duda de que nos encontramos ante un autor permeable, muy permeable. El Larsson novelista utilizó el material acumulado por el Larsson periodista. La voz y la furia nos muestra las fuentes en las que bebió Larsson para construir su trilogía. En los textos del periodista nos topamos con sus personajes: mujeres víctimas de esa lacra que es la violencia de género, maltratados por los seguidores de la ultraderecha, oscura conspiraciones comerciales que esconden despiadados argumentos ideológicos, multitud de expresiones racistas, etc. Incluso encontramos al mismísimo Mikael Blomkvits, que gracias, más que nunca, a este libro aparece con fuerza bajo la piel del propio Larsson.
También descubrimos en La voz y la furia el talento, el vigor, la denuncia, la energía, que Stieg Larsson exhibe en su trilogía. Una narrativa poderosa y vibrante, tanto la del novelista como la del periodista. Un autor comprometido con las injusticias de su tiempo, empeñado en ser un amplificador de las denuncias, en alertarnos de lo que nos puede suceder si permitimos que ciertas manifestaciones políticas pasen a formar parte de lo cotidiano. La masacre de Utoya, en Noruega, es, desgraciadamente, un perfecto ejemplo para entender los “avisos” del Larsson periodista. Y así, en uno de sus primeros artículos, podemos leer: por desgracia, Suecia también reúne las condiciones para que se produzca un atentado de similares características (en referencia al atentado de Oklahoma City en 1995, en el que un fanático de ultraderecha asesinó a casi 170 personas).
Además de una selección de artículos y reportajes periodísticos, aparecidos en la revista que dirigía, Expo (que bien podría haber bautizado como Millennium), en La voz y la furia aparece el Larsson viajero, curioso e inquieto, así como el que se pasaba largas horas respondiendo a los emails que llegaban a la redacción de su publicación. Se trata, sin duda, de un libro muy revelador, en el sentido de que nos adelanta situaciones y amenazas que el escritor sueco ya contemplaba en el pasado, además de ofrecernos una información muy detallada del germen que inspiró al novelista. La certificación de que vida y obra, en el caso de Stieg Larsson, llegaron a ser los miembros de un mismo cuerpo.
http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2011/09/la-voz-y-la-furia-stieg-larsson.html
viernes, 16 de septiembre de 2011
1Q84

Me ha llevado mucho tiempo escribir estas líneas. Tiempo y esfuerzo. Y me ha supuesto un enorme ejercicio de aceptación/reconciliación, de luchar contra mis prejuicios, contra mis gustos, contra mis inquietudes. Creo que me estoy poniendo excesivamente serio y dramático. 1Q84, la última novela de Haruki Murakami, cuenta con todos los ingredientes, con todos los elementos, para que se convirtiera en el mejor exponente del tipo de novela que aborrezco. Es más, me habría encantado despellejar esta novela, reducirla a jirones, descubrir todas sus trampas y engaños, advertir al lector de la posible estafa: no se la compre. Sin embargo, y vuelvo a luchar contra ¿yo mismo?, me ha entusiasmado.
Nunca he sido un devoto seguidor de Murakami, que en anteriores entregas me ha llegado a interesar y aburrir en idéntica proporción e intensidad. Bien es cierto que siempre le he reconocido un especial talento para contar historias, que considero un talento superior al de la “narratividad”, pero nunca había conseguido atraparme. Contemplaba un buen escaparate, perfectamente diseñado, que exhibía un producto que no me interesaba. Lo que había llegado a mis oídos de 1Q84 propiciaba que afilara los colmillos, preparado para morder en la yugular del autor japonés.
Y con esa sensación, de aburrirme y hasta de espantarme, comencé la lectura de la última novela de Murakami. Dicen que la predisposición y la intención, en muchos casos, ya son más que suficientes. En mi caso, no sirvieron de nada. Porque a las pocas páginas, como abducido o magnetizado por el extraño ser de Super 8, ya estaba completamente entregado a la historia de Murakami.
También me ha llevado un tiempo encontrar una explicación coherente y convincente a este radical cambio de opinión, que se ponen muchas cosas en duda con estos vaivenes. En primer lugar, que ya sabía, Murakami es un contador de historias excepcional, sabe contar “cosas que pasan” y, sobre todo, sabe “contar” y describir personas. En 1Q84 “pasan muchas cosas” (y algunas de ellas realmente extrañas). En segundo lugar, porque “cuenta grandes cosas” partiendo de la simplicidad más absoluta, a partir de detalles que parecen insignificantes pero que, unidos los unos a los otros, se convierten en un inmenso universo conforme se avanza en la lectura de la novela. Y tercero, más difícil de explicar, Murakami despliega en esta obra una literatura adictiva, embriagadora, que te engancha desde el primer momento. Es muy complicado renunciar a su lectura.
Los personajes de 1Q84, especialmente Tengo y Aomame, también proyectan esa apariencia simplista, incluso plana, con la que Murakami envuelve a su narrativa. Su descubrimiento, su conocimiento, es otra de las grandes claves de esta novela, como si se trataran de cebollas, capa a capa los vamos construyendo, desnudando, de la mano del autor. La crisálida del aire cabe entenderse como un ejercicio metaliterario conmemorativo, al mismo tiempo que puede considerarse como el hilo conductor de la narración, la causa y el efecto.
Aunque resulte sorprendente, las 737 páginas que Murakami nos entrega no suponen un freno a la hora de acometer su lectura. La sensación de precipicio, incluso de vacío, cuando nos acercamos al final es inevitable. Sensación en parte aliviada cuando tomamos conciencia de que volveremos a introducirnos en este alucinante universo.
http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2011/09/1q84-haruki-murakami.html
lunes, 12 de septiembre de 2011
MAESTROS

La vuelta al colegio ya está aquí, la prueba más evidente de que el verano, con sus vacaciones y demás componendas, llega a su fin. Gracias a mis hijos rememoro casi en primera persona este regreso a las aulas, con el nerviosismo propio de quien se enfrenta a la novedad. Nueva clase, nuevos compañeros, nuevos maestros. Precisamente de los maestros, de su figura, de lo que representan y constituyen, se ha hablado mucho durante los últimos días. Y me resulta muy preocupante, y hasta mezquino, cuál ha sido el tratamiento que se les ha dado a los maestros en determinadas intervenciones. Entiendo que no soy una excepción, mis maestros, mis profesores, forman parte esencial de mis recuerdos, y no porque los recuerde con cariño, que es así, o por determinadas anécdotas o pasajes, que también. Los recuerdo porque les debo mucho, porque sin ellos no sería la persona que hoy soy; los recuerdo porque fueron fundamentales a la hora de trazar mi trayectoria vital, porque me guiaron, porque me ilustraron, porque me enseñaron, pero también me educaron, completando perfectamente la tarea de mis padres y hermanos. No conservo una imagen negativa de mis maestros, todo lo contrario, porque hasta con los que menos relación mantuve, porque eso que llamamos “química” no funcionó, siempre me aportaron algo positivo; porque lo poco que sé me lo transmitieron ellos. Al cabo de los años, puede que las canas ayuden en estas reflexiones, he comprendido que hay determinadas facetas de mi personalidad y de mis inquietudes que comenzaron a construirse a partir del contacto y del aprendizaje con algunos de mis maestros.
Los colegios abren sus puertas y acogen de nuevo a miles de chavales, somnolientos, felices o enrabietados, que continúan o inician su formación académica. Los sistemas educativos siempre estarán en cuestión, siempre, y yo elogio ese inconformismo permanente. La educación es el valor más sagrado y fundamental que debe mimar y primar una sociedad, por encima de todo y todos, y nunca debe ser complaciente con ella. Tenemos que cobijarnos bajo la piel de un fiscal, y padres, profesionales, organizaciones políticas y ciudadanas, todos, debemos controlar y analizar nuestro sistema educativo, cada día. Porque la educación y, por tanto, esos chavales que hoy llegan con legañas a las aulas, son la única garantía real de futuro y progreso. Si queremos ser mejores, en todos los sentidos, no podemos escatimar ni un solo recurso en la educación. Es más, tenemos que crecer, cada día apostar más y más por la educación. No se apuesta por la educación con recortes, no; no se apuesta por la educación tildando de vagos a los que no hace tanto pretendíamos restituir en su autoridad, qué cruel contradicción. Como decía, en los últimos días se ha hablado mucho de la figura del maestro, y he sentido pánico al escuchar algunas frases, pánico. Dudar de su capacidad laboral contabilizando sólo sus horas lectivas, no sólo es una gran mentira, es un atropello a su trabajo. Si aplicamos esa contabilidad a la representante política que formuló tan irrespetuosa afirmación, y contásemos, por ejemplo, el tiempo que pasa a la semana ante los micrófonos y las cámaras, y no el tiempo que le dedica previamente a preparar esos encuentros con los micrófonos y las cámaras, a lo mejor la cuenta nos arrojaría que sólo trabaja dos o tres horas a la semana. Creo que en el canal televisivo de su comunidad sería algo más, obviamente. Balbucear, como también se ha escuchado, que dos horas más o menos tampoco es tan importante, es no tomarse en serio la cuestión más seria de cuantas nos afectan, es evidenciar una miopía absoluta.
http://www.eldiadecordoba.es/
lunes, 5 de septiembre de 2011
SUPER 8

Hubo un tiempo, no hace tanto, que este mundo nuestro era más lento. O, al menos, esa era su apariencia. Más lento y artesanal, todo nos costaba más esfuerzo, más dedicación, más constancia, y mucho más tiempo. No existía el MP3, ni de lejos, el walkman lo más parecido. Ponías el vinilo en el plato tras limpiarlo a conciencia con una gamuza y ese líquido azul que más de uno utilizó como adormidera, rezabas para que no saltara la aguja, y grababas el lp escogido en una cassette, si no se embrollaba la kilométrica e indomable cinta, claro. El proceso, para poder luego escucharlo en tu walkman, como mínimo duraba lo mismo que el disco. No teníamos correo electrónico, no. Te plantabas frente a un folio en blanco y escribías, lo que sentías, lo que solicitabas, lo que preguntaras, pegabas un sello en el sobre –que previamente tenías que haber comprado-, al buzón y a esperar, con suerte, la respuesta varios días después. Eso sí, te pensabas mejor lo que escribías, y ese “calentón” que en más de una ocasión se nos cuela en un email nos lo evitábamos. Qué decir de la fotografía, no hace tanto seguía formando parte del mundo de la química. Revelador, fijador y agua, negativo y positivo. Desde que enfocabas a través del objetivo y apretabas el pulsador hasta contemplar el resultado de tu acción podía transcurrir más de una semana, tirando a lo corto. Polaroid quiso adelantarse a su tiempo y se quedó en inquietante posibilidad artística. No hablemos de telefonía, porque no creo que sea necesario explicar las grandes diferencias y avances que se han producido en apenas quince años. De aquel tiempo lento y artesanal guardo un especial recuerdo de aquellas reuniones familiares alrededor del proyector de Super 8. No siempre funcionaba el artilugio, demasiados componentes de sistema frecuentemente dispuestos a jugarte una mala pasada, pero cuando lo hacía a mí me parecía algo mágico, alucinante. De igual manera, a imagen y semejanza de su tiempo, el Super 8 era lento y artesanal en su composición y ejecución. La complicada grabación daba paso a un tiempo de larga espera –vía Fuentes Guerra o Chaplin- que no te garantizaba el éxito. La química, tal y como le sucedía a la fotografía, no es exacta.
He vuelto a encontrarme con ese tiempo, que no fue hace tanto, insisto, de la mano de Super 8, de J. J. Abrams. He vuelto a sentir la lentitud y la artesanía y, de nuevo, me ha atrapado e hipnotizado la pantalla. Abrams, conocido por el gran público por ser el creador de la exitosa –y para mi gusto cansina- Lost, nos demuestra que es un narrador que nos deparará grandes momentos y películas si persiste en su evolución. De hecho, yo ya califico a Super 8 como gran película, o como ya le he escuchado a más de uno: es una peli como las de antes. Porque entronca y conecta con grandes títulos del pasado. Esa capacidad narrativa de J. J. Abrams se discutió y expuso años atrás en el Diario de Lecturas de Vicente Luis Mora, suscitando un amplio y apasionante debate. En estos días, y a tenor de otro estreno en la cartelera, y me refiero a La piel que habito de Pedro Almodóvar –con la que muchos deseamos que recupere su tono más alto-, se está hablando mucho de Frankenstein, como un proceso creativo o emocional. Proceso o concepción que Abrams emplea descaradamente en Super 8, bien a modo de guiños o como incondicionales homenajes, comenzando por el mismísimo productor de la cinta, Steven Spielberg. La guerra de los mundos, ET, Encuentros en la III Fase, Alien, La Bella y la Bestia, Romeo y Julieta, La Noche de los Muertos Vivientes, La invasión de los Ultracuerpos y hasta Los Goonies se asoman, con descaro en ocasiones, a Super 8. Sin embargo, J. J. Abrams ha creado su propio y autónomo cuerpo -muy lenta y artesanalmente- y, sobre todo, ha conseguido que no se le noten las costuras.
Se le puede reprochar a Super 8 que es políticamente correcta, que lo es, que a ratos desprende una moralina rancia, porque lo hace, y hasta que es previsible, porque puede llegar a serlo, sí, pero aún así es, en su resultado y definición, un apasionante y emocionante espectáculo cinematográfico. Bien porque sabe donde se encuentra la parte más sensible de nuestra nostalgia, bien porque se te ofrece como un mundo conocido, querido y familiar; bien porque nos habla de la magia que se puede esconder tras lo cotidiano. Se puede analizar Super 8 desde multitud de prismas, aunque tengo la impresión de que se trata de un ejercicio superfluo. Mucho más simple. Sólo se trata de sentarte frente a la pantalla y disfrutar, recuperando esa inocencia que se quedó atrapada en ese otro tiempo, lento y artesanal, que no fue hace tanto.
http://www.eldiadecordoba.es/article/opinion/1057261/super.html
lunes, 29 de agosto de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
SU VERANO PELIGROSO

A principios de este mes de agosto tuve la oportunidad de presenciar, de nuevo, una actuación de José Tomás. Plaza de toros de Huelva, Fiestas Colombinas. No fue algo premeditado, no, surgió de repente, esa llamada imprevista de un amigo que te dice que tiene un amigo de un amigo con algunas entradas, alguien que ha fallado, si me respondes en cinco minutos te la conseguimos. Con el eco, aún, de la reaparición de José Tomás en Valencia, mareado por las cifras alcanzadas en la reventa, por lo que había supuesto en la ciudad, por los comentarios y fotografías del evento, entendía que me encontraba ante una gran oportunidad, que no podía dejar pasar de largo. Tampoco tuvieron que esforzarse mucho en convencerme para que asistiese a la corrida, convivo permanentemente con la tentación. Coincidió el regreso de José Tomás y su actuación en Huelva con mi enésima –re- lectura de El verano peligroso de Hemingway. Un libro que nunca pretendió ser un libro como tal, que nació como una serie de reportajes, entre viajeros, emocionales y taurinos, de los enfrentamientos que protagonizaron Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez a mediados del pasado siglo. Hemingway, amigo/hermano de Ordóñez, nos cuenta intimidades del torero de Ronda, cómo reacciona a las cogidas, cómo administra el miedo, cómo se divierte, qué piensa de su profesión. Nos muestra al torero, sí, pero también al hombre que lo soporta. Andaba metido de lleno en la lectura del libro, El verano peligroso, y trataba de imaginarme una readaptación de la obra. ¿Podría escribirlo ahora Hemingway? ¿Existe, en la actualidad, una rivalidad como la que nos cuenta en su libro? ¿Siguen siendo interesantes las vidas de los toreros? ¿Conservan ese aroma del pasado que casi los convertían en nuestras estrellas más carismáticas? José Tomás, indiscutiblemente, tendría que ser uno de los grandes protagonistas si se produjera la actualización. En eso creo que la mayor parte de los aficionados estaríamos de acuerdo. Busquemos al rival.
Para muchos, ahora que hablamos de actualizaciones, José Tomás es una proyección en el presente de nuestro siempre vitoreado Manolete. De hecho, él mismo alimenta esta teoría con determinados comportamientos: empeñándose en torear en Linares cada año, alojándose en la misma habitación de hotel, ejecutando sus célebres “manoletinas” cada vez que el astado lo permite. Aferrándome a una teoría absolutamente personal, que sin duda contará con infinidad de detractores, jamás he contemplado a José Tomás como un nuevo Manolete. De hecho, creo que el torero madrileño admira de nuestro difunto paisano el “ser”, su leyenda, sus modos, su vida, el hombre. Manolete fue un torero mucho más “decorativo” y “decorado”, y que nadie trate de buscar un desprecio o una recriminación en este comentario, que José Tomás, que es mucho más escueto y conciso en su visión y exposición de la Tauromaquia. Aunque pueda parecer demencial o absurdo, entiendo que el mayor problema al que se enfrenta José Tomás es su perfección técnica. El Arte, como expresión, y la técnica, como definición, nunca han casado bien, en el sentido de que su ausencia lo empobrece y su dictadura, y me refiero al Arte, nos lo muestra tan frío como inaccesible e insustancial. José Tomás comenzó a engordar su leyenda el día que comprendió que el único elemento que podía “humanizar” su depurada técnica era el riesgo. O más aún: el miedo.
http://www.eldiadecordoba.es/article/opinion/1047084/su/verano/peligroso.html
martes, 16 de agosto de 2011
LA VOZ Y LA FURIA

Nada más comenzar, en el primer artículo que se reproduce, escribe Stieg Larsson: “por desgracia, Suecia también reúne las condiciones para que se produzca un atentado de similares características”. Se refería Larsson al terrible atentado que tuvo lugar en Oklahoma City en 1995, en el que murieron casi 170 personas a manos de un fanático de ultraderecha, excombatiente en la Guerra del Golfo. Escribió “Suecia”, pero bien podría haber indicado “Noruega”, siendo aún más premonitorio en su reflexión. Fundamenta Larsson su hipótesis en el terreno que cada día, más, conquista la ultraderecha. Una conquista tolerada por todos, que nos resignamos a convivir, incluso compartir, ciertos mensajes e ideas que hasta no hace tanto considerábamos intolerables. Un par de meses antes de la matanza de Utoya, Ediciones Destino ha publicado La voz y la furia, una compilación de artículos, reportajes, correos electrónicos y hasta de diarios de viajes del creador de la hipercélebre saga Millennium, el fallecido Stieg Larsson. Una colección de textos que nos ayudan a poseer un conocimiento más amplio y detallado del célebre novelista sueco, pero que al mismo tiempo nos reporta gran información de cómo se ha gestado y articulado el actual ascenso, en toda Europa, de la ultraderecha. Larsson fue un periodista absolutamente comprometido con los valores democráticos, siempre entendió que su trabajo no concluía en la información, que también debía denunciar, emplearse como altavoz de las injusticias. Y sus denuncias, tal y como podemos comprobar en La voz y la furia, se centraron en la defensa de las libertades y los derechos, y muy especialmente en el racismo, en la xenofobia y en la homofobia y, muy particularmente, en la violencia machista que padecen muchas mujeres.
Stieg Larsson nos describe, detalladamente, las bases que sustentan el éxito de la ultraderecha, que escondiéndose bajo el disfraz de un nacionalismo conservador, que proclama el mantenimiento y recuperación de una “Suecia/Europa blanca”, inoculan a sus votantes y simpatizantes el veneno del racismo, ya sea en su versión contra los musulmanes, antisemita, generando desconfianza en todos aquellos que exhiben un color de piel “diferente”. Porque Larsson mantiene, básicamente, que estos partidos se alimentan en su odio hacia la diferencia. En La voz y la furia nos encontramos con el Larsson periodista, pero también nos encontramos con el origen, con la raíz, del Larsson novelista. Incluso nos encontramos con sus más célebres personajes, ya que el propio Larsson puede ser el embrión de Mikael Blomkvits, ambos periodistas de raza y éxito, al frente de revistas reivindicativas, Expo/Millennium, combatientes los dos ante el avance de la ultraderecha, completamente sensibilizados en la lucha contra la violencia de género. Tal vez Lisbeth Salander, esa gran heroína que ya ocupa un lugar destacado entre las grandes protagonistas de la Literatura universal, se camufle bajo la piel de alguna de esas mujeres, maltratadas y valientes, que tan bien describió Larsson: Melissa, Fadime, Nathalie... Mujeres para las que reivindicó el periodista su identidad, sus apellidos, sus historias, sus circunstancias, que no permanecieran en el anonimato de un simple nombre devorado por el horror. En sus artículos, Larsson denunció a los hombres que no amaban a las mujeres, pero también denunció, con semejante intensidad, la permisividad social, así como la inocuidad de la legislación gubernamental, muda a la hora de catalogar con su definición real la violencia machista.
El Día de Córdoba